TEMA DE FONDO: ¿QUÉ HAY DESPUÉS DE LA MUERTE?

TEMA DE FONDO:

¿QUÉ HAY DESPUÉS DE LA MUERTE?

El mes de noviembre es el mes dedicado a los difuntos .Nadie nunca ha vuelto del más allá para contarnos lo que pasa después de la muerte, excepto una persona sola: Jesús de Nazaret, el Resucitado. Lo  que Él nos reveló a través de sus primeros discípulos, y nosotros creemos y profesamos en el Creo, está contenido en el Nuevo Testamento. Para Jesús la muerte es como un parto (Rom 8,22-23), doloroso pero que se abre a una nueva vida llena de luz, en la que se encuentra  la ternura de un rostro  materno. Vivimos una vida uterina y por lo tanto al nacer a la nueva Vida, no podemos volver atrás. Hay un "profundo abismo" que lo hace imposible (Lc 16,26). Jesús la compara también a un "paso" ("me voy al Padre", dice Jesús), a un "sueño" breve y transitorio (Mc 5,39) ; la palabra "cementerio" traducida del latín significa el lugar de los que se han dormido.  Jesús también murió y murió realmente (en contra de los gnósticos que decían que la suya era una muerte aparente, porque el cuerpo material era considerado malo). Por eso en el Creo profesamos que "descendió a los infiernos"; no se trata del infierno, sino del que los judíos llamaban "sheol" y los griegos "hades" (= lugar de los muertos). Jesús"descendió" al sheol porque se pensaba, en oposición al "cielo", que ese se encontraba  bajo tierra. Pero Dios lo resucitó con su cuerpo vivo y glorificado. La ascensión ("subió al cielo") es la misma resurrección; "subo donde mi Padre" (Jn 20,17) le dijo Jesús Resucitado a María Magdalena. Y ahora "está sentado a la diestra de Dios" para significar su poder, sin haber abandonado a los suyos  por los cuales intercede permanentemente. Él mismo prometió que nos prepararía un lugar para que estemos donde está Él (Jn 14,1-3). Después de la muerte, Dios nos da a todos la gracia suficiente para un proceso de purificación ( llamado "purgatorio") porque no quiere "que nadie se pierda" (Jn 6,39) y así la persona podrá llegar a su plena madurez y realización humana en el cielo. El purgatorio no es la antesala del infierno como algunos creen sino el umbral de la Casa de Dios. Pedir o celebrar misa para los difuntos es para que Dios acelere este proceso de purificación. "Vendrá a juzgar a  vivos y muertos", se dice en el Creo.  En realidad no será una "vuelta" física de Jesús a esta tierra porque siempre ha estado, está y estará con nosotros hasta el fin del mundo (Mt 28,20) . Será la manifestación gloriosa y definitiva de Jesús  y del Reino. En Mateo se habla de un juicio universal (para todos)  sobre el tema de la caridad para con el prójimo (Mt 25,31-46), que es el gran mandamiento de Jesús. Pero así como ha rechazado el título de rey,  Jesús rechaza también el titulo de juez, tal como lo entendemos nosotros. Él que ha perdonado a los pecadores y hasta a sus verdugos (porque "no saben lo que hacen"), será sumamente misericordioso y al mismo tiempo sumamente justo porque conoce nuestra debilidad y nuestros límites. Únicamente la persona que nunca ha practicado la misericordia y cierra voluntariamente sus ojos a la luz (Jn 1,9), se autocondenará a las tinieblas. No será un tribunal. Jesús será como un imán que atraerá hacia sí a todos los que se asemejan a Él. Quedarán lejos de Él los que no comulgaron con su  Espíritu.

LA RESURRECION DE LA CARNE

Creemos en nuestra futura resurrección porque Jesús nos abrió el camino y nos prometió que nos llevaría con Él (Jn 14,2-4). Nuestra resurrección gracias  a la de Jesús, será la respuesta de Dios a una profunda aspiración de la naturaleza humana que ahora, ya curada, podrá ser feliz para siempre, tener una vida plena, "vida en abundancia"(Jn 10,10)   ), como nos prometió Jesús. No se trata tan solo de la inmortalidad del alma. La muerte no es separación del alma y del cuerpo; ambos son inseparables. La "carne" en el idioma hebreo significa cuerpo y alma, porque el hombre no es un ángel. Se ha dicho que Cristo llegará de entre las nubes al son de trompetas y los cuerpos saldrán de los sepulcros. Es el género literario apocalíptico que se usaba al tiempo de Jesús. Hoy la Iglesia permite la cremación de los cadáveres. Resurrección de la carne significa que la persona humana en su totalidad será transformada por Dios, llevando sus valores humanos  a la plenitud.. Seguiremos siendo nosotros mismos y la felicidad será profundamente humana. No hay "otro" mundo ni "otra" vida. La mariposa no es un animal distinto de la crisálida. Jesús resucitado les dice a sus discípulos:"soy realmente yo" (Lc 24,39). Obviamente hay una discontinuidad en cuanto a la composición físico-química de nuestro cuerpo, así como el trigo es muy distinto de la semilla. Habrá una resurrección inmediata después de la muerte, pero mientras haya hombres sobre la tierra, esta resurrección será incompleta. Solo al final de los tiempos habrá una resurrección total y acabada de todos y cada uno, y de cada uno con todos. Muchos hablan con miedo no solo de la muerte sino también del fin del mundo. La ciencia ha establecido los orígenes del universo y por lo tanto este tendrá su término. Pero la Biblia no habla de ciencia y cuando habla de "fin del mundo"(Mt 24, Lc 21) habla de este mundo malo y la victoria final de Cristo. El fin del mundo, precedido de muchas tribulaciones y persecuciones, no será una catástrofe universal, sino la buena noticia de la instauración plena y definitiva del Reino de Dios. Será una "nueva creación" (Gal 6,15), precedida por "gemidos y dolores como de parto" (Rom 8,22). Habrá "un cielo nuevo y una nueva tierra"(Ap 21,1). ¿Cuándo sucederá eso? Dice Jesús:"En cuanto al día y a la hora nadie lo sabe, sino tan solo el Padre" (Mt 24,36). Toda la Biblia proclama que la historia tiene sentido y camina hacia la felicidad del encuentro con Dios y la comunión de todos con todos. El infierno es una posibilidad real; sería la soledad absoluta, la absoluta frustración humana, comparada en el evangelio con los sarmientos secos echados al fuego, un fuego que quema sin consumirse como la "gehenna" (basural que había fuera de Jerusalén, donde se quemaba la inmundicia) o las tinieblas de la noche, mientras en la Casa del Padre hay banquete, luces y fiesta. Es el endurecimiento de la persona en el mal. No es un castigo de Dios; una vida de pecado lleva a la autodestrucción de la persona. Dios no creó el infierno. Cuando el hombre abusa de su libertad y quiere ser Dios de sí mismo, se autocondena al infierno ya en  esta vida.

LA VIDA ETERNA

Todo hombre anida el deseo secreto de una vida eterna y feliz, del reencuentro con sus seres queridos difuntos, de un mundo de paz y justicia definitivo. Cuando muere un ser querido sentimos una rebelión interior frente a la perspectiva de la nada que proclaman los ateos. Una sed tan profunda no puede quedar sin agua. Dios que es Amor no puede habernos creado y adoptados como hijos, para que termináramos en la nada. Dios se hizo hombre y por lo tanto no abandonará a la humanidad en el vacío de la corrupción. Jesús nos prometió vida eterna y vida en abundancia y para san Pablo es "estar con Cristo" (Flp 1,23). Para los cristianos los difuntos están vivos. Se suele decir que están en el "cielo", pero esta palabra es ambigua. Antiguamente se indicaba de esa forma la morada de Dios y de los suyos, pero el "cielo" no es un lugar. Se habla también de "liturgia celestial" o de "descanso eterno", palabra muy cercana a la paz de los cementerios,  que no suscitan ningún entusiasmo. El evangelio habla de fiesta, banquete nupcial, paraíso( palabra que significa "jardín") y sobre todo de "vida en plenitud".  Quien dice "vida" dice dinamismo, relación con los hermanos, progresivo conocimiento de Dios y de sus designios.. Leonardo Boff habla de una "fiesta de los ojos" que verán los frutos de lo que hemos sembrado, la realización de nuestros mejores deseos y  posibilidades latentes , todo el bien oculto, todo lo bueno, lo bello, lo verdadero, lo justo que hemos buscado y querido. Habrá reconciliación y paz entre todos. Nada se perderá de nuestros esfuerzos y afectos (Jn 6,39),  Se podrá ver el corazón de las personas, se descubrirán todas las bellezas del universo y sus misterios. El paraíso es "estar con Cristo" (Lc 23,43), pero jamás seremos como Dios y por lo tanto la vida eterna será una constante sorpresa, un constante descubrimiento como en  un viaje maravilloso que nunca termina..Será la plena felicidad y realización humana. El fin de la historia chica y grande no es la muerte ni la destrucción sino el encuentro con el Padre Dios, dispuesto a compartir su vida y su gloria con nosotros.

                                                                                                                            PRIMO CORBELLI

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