evangelio del domingo: EL MANDAMIENTO MÁS GRANDE

Evangelio del domingo:

EL MANDAMIENTO MÁS GRANDE

Jesús había defendido la postura de los Fariseos sobre la resurrección de los muertos (en contra de los Saduceos), y entonces se acerca a Jesús un fariseo doctor de la Ley y por lo tanto conocedor de la Torá o Ley de Moisés (los primeros cinco libros de la Biblia o Pentateuco). Con muy buena fe le pregunta sobre un tema discutido entre ellos: ¿cual es el mandamiento más grande de la Ley?. Para los fariseos no existían solo los diez mandamientos (o decálogo) en la Ley sino unos 613 preceptos. Jesús le responde: "Amarás al Señor con todo tu corazón… "(Mt 22,37). En realidad es una invitación; no se trata de un "mandamiento" porque la Ley lo puede imponer todo, menos la obligación de amar. En Marcos se dice claramente que es una respuesta al amor de Dios que ha hecho una alianza de amor con Israel. Podemos vivir realmente este mandato de amar a Dios con todo el corazón, solo si descubrimos y aceptamos que somos amados por Dios con un amor fiel y desinteresado. Al primer mandamiento Jesús le añade otro, que estaba también en la Ley pero que no  tenía ninguna relación con el primero:"amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Lv 19,18). Jesús une estos dos mandamientos como si fueran uno solo:"no hay otro mandamiento (en singular) mayor que estos (en plural) según Marcos 12,31; y Mateo dice que son "semejantes" (22,39). Ninguno de los dos puede estar sin el otro; no hay que identificarlos, pero tampoco separarlos. En definitiva el amor es uno solo, con la doble dimensión hacia el Padre y hacia los hermanos. El amor con el que amo al prójimo es el mismo con el que Dios me ama a mí y yo a  Él. La palabra "prójimo" es el superlativo de "cercano". El amor entre los hombres debe empezar por los más cercanos. En efecto para los judíos "prójimo" era tan solo el israelita.  Jesús extiende ese concepto a todo hombre , sobre todo al que más necesita ser amado. Había dos corrientes en el judaísmo: una corriente sacerdotal que le daba prioridad al culto y otra profética que le daba prioridad al pobre, al extranjero, al huérfano y a la viuda. Jesús evidentemente se ubica en la línea profética como se desprende claramente de la parábola del buen samaritano. Entre los dos mandamientos hay uno que es "primero"(Mt 22,38) y es el de conocer, buscar, escuchar y amar a Dios. Pero el segundo mandamiento es el único criterio para saber si realmente se cumple con el primero. Será el criterio fundamental de Dios en el juicio universal (Mt 25,37-40). "Quien ama al prójimo cumple con toda la Ley, dice san Pablo (Rom 13,8) y lo repite en Gal 5,14. También san Juan afirma que "quien pretende amar a Dios a quien no ve sin amar al prójimo que ve, es un mentiroso" (1Jn 4,20). Jesús mismo asegura que "toda la Ley y los Profetas se fundamentan en estos dos mandamientos" (Mt 22,40). El fariseo había preguntado sobre el mandamiento más grande y Jesús responde con dos, y puestos en el mismo plano. En realidad es uno solo porque no se puede amar a Dios sin amar al prójimo.  Jesús dijo que el amor fraterno, que debería caracterizar a los cristianos, es "su mandamiento"(Jn 13,34-35).  El primer mandamiento es la fuente del amor, el segundo es la garantía del primero. No se puede amar al Padre sin amar a los hermanos.

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