evangelio del domingo: A DIOS LO QUE ES DE DIOS
Evangelio del domingo:
"A DIOS LO QUE ES DE DIOS"
A la pregunta que le hacen a Jesús si había que pagar los impuestos a los romanos que habían invadido y ocupado a Israel, Jesús no puede responder ni sí ni no porque era una trampa de los fariseos y los simpatizantes del rey Herodes, un fantoche impuesto por Roma. La hipocresía ya se revela en el elogio inicial (Mt 22,16-17), que era la pura verdad reconocida por sus propios enemigos pero con doble intención. A Jesús le muestran la moneda con la cual se pagaba el impuesto y en la cual estaba grabada la imagen del "divino Tiberio Cesar". "César" era el título que se daba a todos los emperadores romanos, a los que se consideraban además como "dioses". Si Jesús hubiera dicho que si, se pondría en contra del pueblo que odiaba a los romanos. Si hubiera dicho que no, hubiera sido denunciado a los romanos como rebelde y subversivo. Según Lc 23,2 esta última fue una de las acusaciones contra Jesús que llevarán ellos mismos al gobernador romano. En el presente episodio, la respuesta de Jesús fue que si utilizaban esa moneda (el denario), de alguna manera aceptaban la autoridad del emperador y por lo tanto había que pagarle el impuesto; pero debían reservar el título de Dios al único Dios verdadero. Le habían preguntado a Jesús sobre los derechos del César y Jesús les responde recordando sobre todo los derechos de Dios. El acento del texto cae en la segunda parte del dicho de Jesús:"paguen al César lo que es del César.., pero a Dios lo que es de Dios" (Mt 22,21). Queda claro que para Jesús Dios está por encima de cualquier emperador y este nunca puede exigir lo que se opone a Dios y a su proyecto. El cristiano que se beneficia de los servicios del estado, debe pagar los impuestos y someterse a su legítima autoridad, pero recordando que por encima de todo está la autoridad de Dios que se opone a todo tipo de esclavitud u opresión. Jesús no quiere la alianza del trono con el altar, ni el dominio temporal de la Iglesia sobre el estado (la teocracia de los Sumos Sacerdotes) ni el revés. Jesús reconoce la independencia y laicidad del estado sin la interferencia de la religión y al revés, sin mezclar la religión con la militancia política. Jesús enseña que se le debe respeto y obediencia a la autoridad civil, siempre que sus dirigentes no se porten como "dueños y opresores del pueblo" (Lc 22,25) y lo invadan todo, reduciendo lo religioso a lo estrictamente privado. Jesús no pone a Dios en el mismo plano del César. La primacía la tiene Dios y cuando el estado se erige en valor absoluto suplantando a Dios y a la consciencia, entonces se impone la desobediencia y la objeción de conciencia. Hay valores superiores al estado. En este episodio Jesús cuestiona el poder absoluto del César. Hay que darle a él lo que le corresponde, pero no un culto que solo se debe a Dios. Hay que cumplir con los deberes para con el rey, pero no entregarle la consciencia, la libertad, la propia dignidad. Cuando los apóstoles recibieron la orden del Sanedrín de no enseñar más en el nombre de Jesús y los metieron presos, contestaron valientemente: "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres" (He 5,29).
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