DOMINIQUE LAPIERRE: ENTREVISTA-TESTAMENTO

DOMINIQUE LAPIERRE:

ENTREVISTA –TESTAMENTO

El 4 de octubre del año pasado moría a los 91 años en París un gran escritor católico, misionero laico y  amigo de santa Teresa de Calcuta, Dominique Lapierre. Es muy conocido, entre muchos otros libros , por  "La ciudad de la alegría" (traducido al cine) donde describe las chabolas y a los pobres más pobres de la periferia de Calcuta. Allí residió él con su mujer por varios años promoviendo cantidad de obras sociales. He aquí algunos extractos de una entrevista que puede considerarse como su testamento. "El cambio en mi vida se dio por el impacto-shock frente a la miseria de tanta gente y al poco interés que esa suscitaba; se la veía por televisión todos los días como algo normal. Los más pobres son abandonados y descartados: sin embargo tienen muchos valores espirituales y humanos que tan solo se conocen viviendo con ellos. Son solidarios, agradecen a Dios por el mínimo beneficio recibido, enfrentan los desafíos de la vida con una paciencia y tenacidad admirables. La Iglesia Católica tiene un Papa extraordinario pero hay obispos, también en la India, que viven en un  bungalow climatizado, se mueven en coche con autista personal; hay sacerdotes alejados de la realidad que habitan una casa distinta de las demás, se mueven con un coche distinto de los demás y con eso piensan tener más respetabilidad. Los misioneros extranjeros son más cercanos  a la gente que el clero local. Cuando encontré en 1983 al Papa Juan Pablo II y le dije de mi molestia por las pompas de los monseñores que lo rodeaban, me contestó:"Si pudiera hacerlo, iría a vivir en una bidonville  (=villa miseria) de Calcuta para presidir la Iglesia desde allí". Me desconcertó su sinceridad. A mí también me gustaría que muchos edificios del Vaticano se transformaran en museos, se vendieran tantos tesoros que hay allí, se cambiaran los lujosos coches de los cardenales, y con el dinero recaudado se cavaran pozos de agua potable en África, se construyeran escuelas y la gente más pobre pudiera comer por los menos una vez en el día. Estos gestos tendrían más impacto que todos los pronunciamientos  sociales escritos desde una oficina del Vaticano. Yo he vendido mi casa, hermosa y recién construida, me he quedado con la mitad de los derechos de autor por mis libros, me he ido a vivir a Calcuta al lado y colaborando con Madre Teresa. He aprendido que no basta con practicar el asistencialismo y que los pobres no son vagos; hay que educar a la gente para que tenga los medios para trabajar y progresar por su cuenta. Hay que amar y respetar a los pobres; es cuestión de dignidad. La gratificación más grande es cuando un niño leproso es curado, puede estudiar y llegar a ser ingeniero (y nosotros le pagamos la universidad). "Salvar a un niño es salvar al mundo", dice madre Teresa. Yo y mi esposa somos ancianos, pero decía el abbé Pierre: "Se es ancianos solo cuando no se tienen más proyectos" y nosotros aún tenemos muchos. Serán unas gotas de agua en el mar, pero suficientes para darle sentido a toda la vida".

Fuente: MONDO E MISSIONE

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