TEMA DE FONDO: LA MISION EN TIEMPOS DE SECULARIZACION

 

 

TEMA DE FONDO

 

                               LA MISION EN TIEMPOS DE SECULARIZACION

 

El 22 de octubre próximo es la Jornada Mundial de las Misiones (DOMUND) y por eso todo el mes de octubre está dedicado a las misiones y a los misioneros cuya protectora es santa Teresa del Niño Jesús (1 de octubre). ¿Qué significa la misión en tiempos de secularización? En sí misma la secularización (no el secularismo) es legítima en la medida que promueve una sana laicidad para mantener separados, y en buenas relaciones, el estado y la Iglesia. Ayudó a precisar mejor la misión de la Iglesia, a que volviera a la pobreza y humildad de los orígenes sin apoyarse en el poder, a valorar más positivamente el mundo y la historia. La Iglesia que por siglos había tenido un peso hegemónico en la sociedad fue perdiendo influencia y relevancia en una sociedad pluralista, hasta en los distintos campos de la cultura e inclusive de la ética. Se produjo la disminución constante del clero que antes era una carrera respetada, y también de la práctica religiosa por parte de los católicos por tradición. La Iglesia ha perdido gente, pero hubo un salto de calidad en los cristianos, gracias también al Concilio; hoy la fe es mucho más convencida, madura y fecunda. La Iglesia ha ganado en credibilidad desde la pobreza y la profecía. Jesús nunca habló de números, sino de que hay que ser sal de la tierra, luz del mundo, levadura en la masa. Es cierto que hay muchos bautizados, pero lo son por tradición y en realidad no se han convertido a Cristo y al evangelio. En los primeros tiempos de la Iglesia se bautizaba a los que realmente se convertían a Cristo y cambiaban su estilo de vida. Ahora hay que convertir a muchos que ya están bautizados por una costumbre generalizada y se profesan cristianos, pero que no viven su fe. Por eso hoy el papa Francisco promueve una "Iglesia en salida", donde todos los bautizados conscientes de su fe han de ser misioneros. La misión o la evangelización, según Evangelii Gaudium, es hoy "el mayor desafío de la Iglesia" (n.15) y ha pasado a ser la prioridad de este pontificado.

 

IR HACIA LAS PERIFERIAS
Ya antes de ser Papa, Francisco hablando a los cardenales antes del Cónclave decía: "Cuando la Iglesia no sale de sí misma para evangelizar, se hace autorreferencial, se conforma con la autopreservación y se enferma. Es como la mujer del evangelio encorvada sobre sí misma (Lc 13,10-17)); es un narcisismo teológico que secuestra a Jesús y no lo deja salir". Esta conversión misionera implica concentrarse en el anuncio del Evangelio de Jesús, presentar el verdadero rostro de Dios y promover un nuevo modelo de Iglesia. Muchas veces el Papa ha hablado de una Iglesia callejera, que pisa el barro, que se ensucia y se accidenta (E.G.49). Antes, los misioneros eran los que iban a África; ahora África puede encontrarse entre nosotros. Por eso el Papa habla de "ir a las periferias", a los alejados de la Iglesia. Las periferias no son solo los arrabales y los bajos fondos de las ciudades donde viven los pobres, muchas veces olvidados por la misma Iglesia, sino también las periferias "existenciales" donde más fácilmente pueden llegar los laicos llevando la Buena Noticia, de forma sencilla, artesanal, cuerpo a cuerpo. Los "lejanos" pueden estar a la vuelta de casa, en el propio lugar de trabajo, en el propio barrio, aunque físicamente cerca, pero mental y religiosamente lejos. Todos somos misioneros  en la medida que nos proponemos  ser "pescadores de hombres" y les dedicamos tiempo y acompañamiento. Los movimientos eclesiales pueden llegar a lugares y sectores a los que cuesta acceder, pero su acción no debe centrarse en buscar personas que entren a su propio movimiento, sino para que encuentren a Cristo y sean sus testigos. Para ser misioneros, hay que salir no solo de casa sino del círculo parroquial e ir a los "cruces de los caminos" (Mt 22,9); dejar intereses y comodidades para buscar ovejas perdidas. Los laicos "comprometidos" no son solo los que trabajan en parroquia, sino todos los bautizados que con coraje proclaman su fe donde sea, con el testimonio de su vida y la palabra. Es importante su formación, pero hay personas que han hecho muchos cursos, que saben mucho pero no viven el evangelio, no practican el amor y la misericordia para con los hermanos. La Iglesia hoy ha de ser samaritana para ser creíble; debe ser pobre para evangelizar a los pobres que son los preferidos del Señor. Llama la atención cómo la opción preferencial por los pobres haya tenido una muy difícil digestión en los países opulentos y con dificultad se responda a los signos de los tiempos (migraciones, crisis ecológica, desigualdades sociales..). Dice el Papa: "Dios quiere la felicidad de todos sus hijos también en esta tierra" (EG 182). Inclusive la evangelización ha de partir de los pobres para llegar a todos. No es lo mismo evangelizar desde el centro que desde la periferia. La Iglesia ha de ser misericordiosa, "de puertas abiertas" (E.G.47)  como en un "hospital de campaña" tras una batalla. Dice el  papa Francisco: "A un herido grave no se le pregunta si tiene alto el colesterol o  el azúcar; hay que curarle primero las heridas".

 EL PRIMER ANUNCIO
Antes, la misión se la entendía cómo lograr la mayor expansión numérica de la Iglesia y se contabilizaban los bautismos. Se trataba de bautizar el mayor número posible de gente para que no terminara en el infierno y de plantar la Iglesia entre los pueblos no cristianos. Para el papa Francisco hoy toda la Iglesia ha de ser misionera, porque también en los países tradicionalmente cristianos y católicos, hay muchos bautizados que no practican su fe. La finalidad esencial de la Iglesia es ofrecer a todos los hombres y mujeres el primer y gozoso anuncio del "evangelio", que significa "buena noticia". Hay que transmitir  el proyecto amoroso de Dios como lo ha vivido y transmitido Jesús de Nazaret, de forma amable y gozosa. Lo  primero de la evangelización no es  enseñar doctrinas o prescribir mandamientos sino anunciar el amor y la misericordia de Dios que se hizo hombre para acompañarnos y se entregó a la muerte por nosotros. Es hacer conocer la persona fascinante y viva de Jesús resucitado. Era lo que proclamaban los primeros cristianos, el "kerigma" (=el primer anuncio): la llegada de Jesús y del Reino de Dios. Si no se descubre la bondad y el amor de Dios para con cada uno de nosotros como enseña Jesús, no puede haber conversión ni vida cristiana.  Luego del kerigma, viene la catequesis que es el desarrollo de este anuncio fundamental. Una pastoral misionera se concentra en lo esencial, en lo primero. La propuesta evangélica ha de ser sencilla , impactante y atrayente. El corazón de la misión es anunciar que cada persona se sienta infinitamente amada y siempre perdonada  por Dios que es nuestro Padre , más allá de sus pecados por graves que sean. Y en consecuencia aprenda también a amar a los hermanos, hijos del mismo Padre. El Papa pide que todos los bautizados lleguen a una "conversión misionera" (EG 25)  para compartir con todos la "buena noticia" de Jesús y su evangelio, no tan solo con la palabra sino sobre todo a través de un testimonio de vida cristiana coherente. Ya no se habla más de laicos "colaboradores" sino de laicos corresponsables y protagonistas.

UNA IGLESIA EN SALIDA

La formación de los laicos es importante, pero no hay que esperar  tener un diploma para evangelizar. Hay párrocos que se dedican a organizar cursos en los que asisten  siempre las mismas personas, las que jamás salen  la calle, no visitan las familias, no atienden a los enfermos y ancianos. Todos deben anunciar a Jesús; ni la falta de preparación, de estudio o de títulos y funciones, ni los defectos o pecados que uno pueda tener, deben ser excusas para no compartir nuestra fe y no transmitir la Palabra de Dios. El concepto de la Iglesia como Pueblo de Dios debería ayudar a eliminar el clericalismo que ha mantenido por tanto tiempo a los laicos al margen de las decisiones y a las mujeres en un estado de sumisión. Todos lamentan la falta de sacerdotes, pero el Papa por el contrario sigue condenando el clericalismo (sean muchos o pocos los sacerdotes) porque impide la corresponsabilidad de los laicos y la difusión del evangelio.  Hay que desmitificar la figura del misionero que iba a países lejanos como un superhéroe para civilizar y cristianizar a las poblaciones. Sin descalificar la misión "ad gentes" (en países donde el cristianismo es minoría), la misión para el cristiano común debe hacerse hoy desde la propia casa en la tarea cotidiana, en el ámbito vecinal. Los que en realidad no conocen a Cristo o no practican el evangelio, están en todo lado, hasta entre familiares y parientes. La misión no es hacer proselitismo (buscar prosélitos, afiliados al grupo) por las buenas y las malas. Es dar un testimonio de vida cristiana que atrae, en forma humilde, siempre dispuestos a aprender algo del otro y sin esconder el don de la fe que hemos recibido.  Madre Teresa de Calcuta no hizo grandes discursos, pero fue una luz que iluminó al mundo entero. El anuncio debe ser precedido por la escucha atenta y el diálogo respetuoso. No hay que ofrecer recetas y respuestas de antemano; primero hay que  conocer las necesidades y las angustias de la gente tal como hizo el peregrino de Emaús (Lc 24,18-24 ). Como dice Paulo Freire, "el verdadero diálogo se alimenta de amor, bondad, fe y confianza en el otro, hasta que se llegue a una relación de recíproca simpatía; y finalmente se llegue a la autocrítica en la búsqueda de algo común". Escribe el Papa: "Hay que acompañar con paciencia las distintas etapas de crecimiento de la fe en las personas (E.G.44).

                                                                                                 PRIMO CORBELLI

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