ANNALENA TONELLI: ENTRE LOS BEDUINOS DELDESIERTO

ANNALENA TONELLI:

ENTRE LOS BEDUINOS DEL DESIERTO

El 5 de octubre se celebran los 20 años del asesinato en Somalia de una voluntaria laica italiana que quiso seguir las huellas del santo Charles de Foucauld. Era una joven católica que junto con otras voluntarias se estableció a lo largo de 16 años en Wagir (Kenia) dirigiendo un hospital que curaba enfermos de tuberculosis y lepra. Si bien no era médica sino abogada y doctora en derecho, se había especializado en el tratamiento de tuberculosis, lepra y  enfermedades tropicales. Muy pronto quedó sola en un ambiente totalmente musulmán "sin el apoyo de una congregación religiosa, sin pertenecer a ninguna ONG, sin estipendio, sin poder recibir una jubilación, sin familia", escribe. No era ni monja ni estaba casada, pero se había consagrado con votos privados a Dios y se firmaba "Annalena de Dios". Por levantar la voz contra las mutilaciones genitales femeninas, las luchas tribales y en defensa de poblaciones inocentes fue expulsada y se refugió en Somalia. Allí fundó otro hospital, en medio del desierto. El obispo de Djibuti le permitió tener hostias consagradas en su casa para la comunión y la adoración. Ella leía y oraba con la Biblia, de noche, a la luz de una lámpara de kerosén. Para ella un "sufrimiento indecible"  era, más que  la pobreza y la persecución, el no poder compartir la fe con otros cristianos. Por otro lado los musulmanes la querían por su dedicación y la llamaban "madre". A su vez ella apreciaba la fe y la confianza en Dios de esa gente. "Ellos me han enseñado a hacerlo todo, a empezarlo todo, a concluirlo todo en el nombre de Dios. Uno se levanta en el nombre de Dios, se lava, limpia la casa, trabaja, come, descansa: todo en el nombre de Dios. Ellos por su parte me dicen: "nosotros tenemos la fe y ustedes los cristianos tienen el amor" y me aseguran que yo también iría al paraíso aún siendo cristiana". En su centro sanitario y educativo, además de la alfabetización y el inglés enseñaban también el Corán. Ella vestía como las mujeres del lugar: dos túnicas y un par de sandalias. Sin pertenencias, cuando la mataron no encontraron nada en su casa. Ella sabía que estaba en peligro pero decía: "Me han calumniado, me han golpeado, me han disparado y amenazado de muerte varias veces, he estado en la cárcel y en peligro de vida constante, pero nunca tuve miedo; reconozco que es una gracia de Dios y quiero seguir con mi misión hasta el final". Aconsejada a alejarse del país por la violencia reinante: "Yo debo estar con estos pobres, que son los más pobres de todos, vivir y morir por ellos. Los que no cuentan nada en este mundo, cuentan mucho a los ojos de Dios, son sus predilectos. No importa que nuestra acción sea tan solo una gota de agua en el océano. Cristo nunca habló de resultados". Annalena murió como el padre Charles de Foucauld entre las arenas del desierto, por un disparo en la noche. Esta  laica consagrada, igual que el padre Charles de Foucauld, desde el silencio y la soledad del desierto, gritó el evangelio con su vida.

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