PARA PENSAR: EL OFERTORIO DE LA VIDA

PARA PENSAR

EL OFERTORIO DE LA VIDA

Se suele identificar hoy las palabras "misa" y "eucaristía"; sin embargo la liturgia de la Eucaristía conforma la segunda parte de la misa. Inclusive la primera parte, la liturgia de la Palabra, puede celebrarse de manera autónoma cuando no hay presbítero. Sin embargo las dos partes de la misa están íntimamente relacionadas, pues cada una explica y completa la otra; el pan de la Palabra y el pan eucarístico son una cosa sola. Es Cristo Resucitado que se hace presente y nos da su mensaje; por eso se habla de "pan vivo". Lo que hoy se llama "presentación de los dones", antes se llamaba "ofertorio" y significa nuestra participación activa en lo que será el verdadero ofertorio. Nuestra verdadera ofrenda no es de pan y vino sino del Cuerpo y la Sangre de Jesús en el momento de la consagración. Será al finalizar la Plegaria Eucarística que el sacerdote elevará bien en alto el pan consagrado y el cáliz con el vino consagrado en un acto de ofrenda de toda la asamblea..A la gran ofrenda de Jesús que Él renueva constantemente para interceder por nosotros, unimos nuestras pequeñas ofrendas que Jesús no rechaza como no rechazó esos pocos panes y peces en el desierto. Las pocas gotas de agua que el sacerdote mezcla en el vino del cáliz se transforman en la sangre de Cristo. Nos volvemos una sola cosa con Jesús. Él hace suyas nuestras oraciones y sacrificios. Mientras los sacerdotes judíos ofrecían a Dio sacrificios de animales, Jesús se ofrece a sí mismo y nos invita a hacer lo mismo para interceder por los pecados del mundo. Mientras los sacerdotes judíos vivían separados del  pueblo y lejos de los pecadores Jesús se solidariza con ellos y nos invita a hacer lo mismo. San Pedro enseña que todo cristiano debe ofrecer "sacrificios espirituales agradables a Dios" (1Pe 2,5-9; Rom 12,1-2).  ¿Cuáles son? No son cosas extraordinarias. Los profetas enseñan que "la obediencia a la voluntad de Dios, vale más que la grasa de los terneros" (1 Sm 15,22). Dios quiere la ofrenda, la disponibilidad de nuestra persona y de nuestra vida a sus designios. El Concilio nos dice que " la vida cotidiana, todas las obras, oraciones e iniciativas apostólicas, la vida conyugal y familiar, la diversión si se realizan por amor, animados por el Espíritu de Jesús y también las dificultades y enfermedades de la vida asumidas con paciencia, pueden ser sacrificios agradables a Dios", aunque fuera tan solo un vaso de agua fresca ofrecido a un hermano.(Mc 9,41). Sobre el altar de la eucaristía hay que depositar nuestros esfuerzos de bien, nuestro trabajo, nuestras esperanzas, nuestros ruegos y también nuestras lágrimas y fracasos, poniendo nuestra vida a disposición de Dios. Todo lo que es ofrecido sobre el altar, en las manos de Jesús adquiere otro valor; Él lo hace suyo y lo presenta al Padre. Con Jesús, por Él y en Él ofrecemos nuestras luchas, nuestros hijos, nuestras intenciones, nuestro futuro con confianza total. La actitud permanente de ofrenda y abandono en Dios lleva a un alto grado de vida espiritual.

FUENTE: libro "Fuego en la zarza" (Primo Corbelli), editorial claretiana

Comentarios

Entradas populares de este blog

el evangelio del domingo: EN VERDAD NO LAS CONOZCO

ARGENTINA: NI UN PIBE MAS

LAUDATE DEUM: SEQUIA HISTORICA EN AMAZONIA