NO TENGAN MIEDO,SOY YO

NO TENGAN MIEDO, SOY YO

El episodio evangelico del domingo 13 se refiere a lo que pasó después de la multiplicación de los panes cuando la multitud quería proclamar rey a Jesús. Jesús "obligó" a sus discipulos a enbarcarse para la otra orilla del lago porque se obstinaban en acompañar a la multitud que, junto con ellos, quería hacerlo rey . Por su parte Jesús no abandona a la multitud; se despide de ella y va a la montaña a orar. Frente a la tentación del poder que ya había sufrido en el desierto por parte de  Satanás, siente la necesidad de orar a solas con el Padre. Jesús da la impresión de olvidarse de sus dicipulos , de dejarlos solos. En realidad oraba también por sus discipulos en peligro ya que se había levantado una gran tormenta. A eso de las tres de la mañana, interrumpe su oración. Los discipulos luchan contra el viento y las olas como si Jesús estuviera realmente ausente, confiando en sus propias fuerzas y experiencia. Pero Jesús no puede vivir sin ellos, no quiere quedar lejos de ellos sobre todo en momentos de borrasca. La oración al Padre lo lleva a preocuparse de sus discipulos. Al verlo los Doce lo toman como un fantasma, que viene del mundo de los muertos, se asustan y gritan. Ellos no habían orado.  Entonces enseguida Jesús se acerca y se hace reconocer:"Soy yo, no teman". Pedro no sabe si es realmente Jesús o un fantasma y quiere comprobarlo. Jesús le dice: "ven"; con Él se puede caminar también sobre las olas de este mundo en borrasca. Pero Pedro empieza a tener miedo de las olas y del viento; y deja de tener los ojos fijos en Jesús. De a poco se va hundiendo y entonces acude a Jesús con una oración que es un grito:"Señor, salvame". Jesús con su mano tendida siempre está dispuesto a  ayudar a los que acuden a Él y lo salva. Así Pedro, y los demás, entiende que a pesar de haber sido llamado "roca" por Jesús, siempre es un hombre debil, incapaz de flotar sin la ayuda de Dios. Quiere ir hacia Jesús por su cuenta, pero Jesús lo lleva de vuelta a la barca de la Iglesia y todos juntos, acompañados por Jesús que les ha traído la paz, llegarán a la otra orilla. Los discipulos a pesar de haber sido testigos de la multiplicación de los panes todavía no creían en  Jesús y ahora profesan su fe en el Hijo de Dios. También hoy para muchos creyentes sobre la barca de la Iglesia ha caído una fuerte tormenta. En la noche todo se ha vuelto oscuro y dudoso y la figura de Jesús se ha desdibujado; se ha vuelto  un fantasma, no ya alguien vivo y presente. Nos sentimos como los discipulos de Jesús solos y "lejos de la tierra firme" (Mt 14, 24), zarandeados por las olas de una crisis que afecta a toda la Iglesia. ¿No será la fe cristiana una utopía, un sueño irreal? No es facil vivir la fe desnuda que cree tan solo en la palabra y el poder de Dios, cuando nos fijamos  en las fuerzas del mal que parecen prevalecer. Pero Jesús nos invita a no tener miedo porque jamás abandonará a su Iglesia.

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