PARA PENSAR: LA CORRECCIÓN FRATERNA

PARA PENSAR:

LA CORRECCIÓN FRATERNA

Lo que se dice en Mt 18,15-20 parece contrastar con la orden de no juzgar y con la parábola de la cizaña por la que hay que dejar crecer la cizaña junto al trigo. En realdad la corrección al hermano es indispensable para recuperarlo cuando ha caído en el pecado. También es necesaria para salvaguardar el buen espíritu de la comunidad cuando esta es perjudicada. Hasta en el orden social la cárcel debería tener la finalidad de recuperar al preso. Jesús enseña que la corrección del hermano cuando es fraterna, es signo de un  gran amor. También la critica respetuosa y constructiva ayuda a la corrección.. Para que esta sea fraterna no hay que sentirse jueces del hermano, con un paternalismo presuntuoso o con términos despreciativos; hay que  quererlo aún con  sus errores y limitaciones. Solo quien se siente amado y no percibe la corrección como agresión, puede cambiar. La verdad hay que decirla humildemente, evitando el silencio cómplice pero con caridad. Lograr llevar al hermano a que reconozca su propio error y cambie conducta, es "ganar al hermano", salvarlo. El evangelio sugiere empezar primero con el dialogo personal y la escucha del hermano. El pecado no ha de publicitarse:"vete a hablar con él a solas", de igual a igual y sin echarle enseguida en cara el pecado sino ayudándolo a examinar y tomar consciencia de lo sucedido. Si es necesario, habrá que recurrir a testigos, pero no para establecer un tribunal, sino para buscar una mediación. Y finalmente si fuera necesario y el pecado es público y escandaloso hay que acudir a la comunidad reunida "en nombre del Señor Jesús" (Mt 18,20). La comunidad ha de actuar en un clima de oración y en la medida que es capaz de ejercer la corrección fraterna puede llamarse una comunidad madura en la fe, que cumple con el gran mandamiento de Jesús (Jn 13,34). El evangelio sigue diciendo en Mt 18,17 que él que no quiera reconocer su pecado sea tratado "como pagano y publicano" (=pecador público). No significa condenarlo sino hacer que se sienta estimulado a reflexionar y finalmente a volver como el hijo prodigo a su casa. En el pasado se ha interpretado esta frase de Jesús como rechazo, castigo, excomunión(=echar a uno de la comunidad cristiana). Se pensaba eliminar la manzana podrida para preservar las otras. Jesús jamás ha echado a los pecadores; por el contrario fue considerado "amigo de los pecadores". El verdadero sentido de la excomunión en la Iglesia no es castigo sino medicina. No se trata de una expulsión de la Iglesia, que está formada por justos y pecadores;  tiene como finalidad "ganar al hermano" y tiene un valor pedagógico, no punitivo.  El pecador por el contrario debe advertir un mayor cariño y acompañamiento por parte de la comunidad y no tener la impresión de sentirse excluido. Es también el caso de muchos católicos divorciados y vueltos a casar que aún siendo cristianos comprometidos se sienten tratados como cristianos de segunda y discriminados. Todos los bautizados, como repite el Papa Francisco, han de sentirse parte activa de la Iglesia, en comunión con todos aún en el caso que por la disciplina eclesiástica no puedan comulgar en la misa.  

Fuente: libro ¿Comprendes los que lees? (Primo Corbelli) editorial claretiana        

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