EVANGELIO DEL DOMINGO: ¿PERDONAR SIEMPRE?

EVANGELIO DEL DOMINGO:

¿PERDONAR SIEMPRE?

A Pedro que le pregunta cuantas veces hay que perdonar, Jesús le contesta que "siempre" (Mt 18,22) . Lucas habla de un perdón "cotidiano" (Lc 17,4). El perdón que damos nace del perdón que recibimos. No sabemos perdonar porque no pensamos en la bondad de Dios con nosotros. Pedro creía que debía haber un límite razonable para el perdón. En Mateo Jesús nos enseña que no existe la comunidad cristiana o la familia perfecta. Se logra convivir no porque no cometemos errores o no nos ofendemos nunca, sino porque sabemos perdonarnos el uno al otro. El perdón es una característica especial del cristiano y debe ser dado de corazón , en forma permanente y gratuita sin esperar contrapartida. En la parábola que seguidamente cuenta Mateo (18,23-35) vemos como el perdón que nos debemos es fruto de algo previo; es decir del perdón desmedido, total y gratuito de Dios para con nuestros pecados (el empleado no conocía la generosidad del rey; solo pedía un plazo para pagar). El que establece con Dios relaciones de justicia, y no de amor, nunca podrá pagar. La motivación para perdonar  es la del rey: "como yo tuve compasión de ti" (Mt 18,33). Jesús nos invita a ser misericordiosos con los hermanos como Dios lo es con nosotros. El empleado no se imaginaba la bondad del rey que le perdonó una suma fabulosa; él no le pedía el perdón sino un plazo para pagarla. Este empleado es como el hijo pródigo que se ofrece a su padre tan solo para trabajar entre la servidumbre y así ganarse el pan; ni se imaginaba la recepción y la fiesta que iba a encontrar. Los humanos no sabemos perdonar porque no tenemos idea de la misericordia infinita de Dios. El perdón de Dios no significa indiferencia  por lo que el hombre hace. El suyo es un perdón que obliga; es gratuito pero no barato. "Si ustedes no perdonan al hermano, no serán perdonados", dice Jesús (Mt 6,15). Por eso rezamos en el Padre Nuestro: "Danos Padre tu perdón y así como tú nos perdonas, ayúdanos a perdonar a los hermanos".  Se suele decir que  perdonar no es olvidar, lo que es cierto porque solo Dios sabe olvidar y hacer que las cosas vuelvan a ser como antes. Sin embargo es indispensable no cultivar resentimientos y pensar en cambio al amor que Dios tiene para con el hermano que nos ha ofendido. Sacar a relucir constantemente al hermano su pecado, sabe a venganza.  Cuando uno perdona no justifica ni relativiza el mal hecho, pero allana el camino para la reconciliación. Tampoco el perdón es impunidad frente a las leyes o renuncia a la búsqueda de la verdad y la justicia. El perdón no se sustituye a la justicia, sino que la hace más humana desterrando el odio y el resentimiento. En Lucas después de las palabras de Jesús sobre el perdón, los apóstoles le piden:"auméntanos la fe" (17,5). Ellos se sienten incapaces de perdonar siempre; piden a Jesús el don de una fe viva porque solo la experiencia personal de la misericordia del Padre hará posible el perdón a los hermanos.

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