CHILE: A LOS 50 AÑOS DEL GOLPE

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A LOS 50 AÑOS DEL GOLPE

El 11 de septiembre de 1973 estallaba en Chile el golpe militar del general Augusto Pinochet. A diferencia de otras Iglesias latinoamericanas como la argentina que se sentaron a negociar con la dictadura en vez de enfrentarla, la Iglesia chilena tuvo una postura más profética y se puso al servicio de las víctimas. Enseguida después del golpe  casi todos los obispos como gran parte de la población, sin pronunciarse públicamente, juzgaron la intervención militar como necesaria frente al caos social y al peligro de una guerra civil..Los militares habían prometido mantenerse en el poder solo el tiempo necesario para restaurar el orden y no caer en manos del marxismo. Al hacerse cada vez más cruel y permanente la represión, el cardenal de Santiago Raúl Silva Henriquez organizó, en el marco de un movimiento ecuménico, el Comité Pro Paz  que promovía la ayuda legal para los miles de detenidos desaparecidos, cooperativas, clínicas, comedores populares hasta que en noviembre de 1975 Raúl Silva recibió una carta personal de  Pinochet donde le exigía a "su eminencia" la disolución inmediata del Comité Pro Paz. El cardenal respondió:"La Iglesia no abandonará  su deber de defender los derechos humanos. Si usted quiere impedirlo, tendrá que ir a buscar la gente a mi casa, porqué la meteré debajo de mi cama si es necesario". Pinochet cerró el Comité pero, pocos días  después, Raúl Silva, apoyado por la mayoría de los obispos, lanzó la Vicaría de la Solidaridad como "obra caritativa y religiosa desplegada por la Iglesia Católica". El cardenal era conocido por su valentía. Había defendido la reforma agraria y entregado tierras de la Iglesia a los campesinos; había estado y visitado en el Estadio Nacional a los presos políticos. Silva  al poco tiempo vio la inutilidad de las visitas y diálogos privados con los gobernantes y salió a decir:"nuestra voz privada será para la inmensa mayoría de la gente igual que el silencio". Más tarde añadió:"La historia juzgará con severidad a la actual jerarquía católica si en el momento que pudimos y debimos levantar la voz no lo habremos hecho, tal como la verdad y el evangelio lo exigen". La dictadura se cuidó de atacar frontalmente a la Iglesia Católica por ser la religión de la inmensa mayoría del pueblo chileno y por las posibles repercusiones internacionales. La Vicaría de la Solidaridad se mantuvo activa todo el tiempo que duró la dictadura, de 1976 a 1989;  al llegar la democracia se autodisolvió a fines de 1992. Fue enorme la labor de la Vicaría y recibió varios premios internacionales; en sus archivos se conservan más de 85 mil documentos de carácter jurídico en defensa de las víctimas del régimen. Cuando en 1985 los obispos publicaron el documento "Reconciliación en la verdad", el dictador contestó:"Yo hace años que hablo de reconciliación, pero para eso hay que apagar las hogueras grandes y chicas; eso se hace con baldes de agua fría y se acabó el problema". En los funerales del cardenal Silva se oyó otra vez el grito que tantas veces había resonado en Chile: "Raúl amigo, el pueblo está contigo".

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