EVANGELIO DEL DOMINGO: CARGUEN CON SU CRUZ CADA DIA

EVANGELIO DEL DOMINGO:

CARGUEN CON SU CRUZ CADA DIA

Jesús anuncia por primera vez y con absoluta claridad de que va a Jerusalén para padecer y ser condenado a muerte, pero al tercer día (o sea habiendo realmente muerto) resucitará  porque Dios volverá a levantarlo. Dice que "debe"(Mt 16,21) hacerlo, porque ese es el plan del Padre. Jesús no busca la muerte, pero siempre hace la voluntad del Padre.. Pedro, que se sentía oficialmente designado como jefe del grupo, reprende a Jesús y lo hace a solas porque no quería lastimarlo públicamente. Pedro ama a Jesús, pero sueña con un Mesías triunfador. Jesús le ordena ponerse detrás de Él que es su maestro y todavía tiene mucho que aprender. Más allá de Pedro Jesús ve a Satanás que otra vez lo tienta como en el desierto y le grita: "Apártate de mi Satanás"(Mt 16,23). Estas palabras no están dirigidas a la persona de Pedro que Jesús ama y ha elegido a pesar de sus deficiencias sino al demonio como en Mt 4,10 y con las mismas palabras. Jesús a Pedro no lo aparta a pesar de haber sido "piedra de tropiezo" y no piedra fundamental de su Iglesia.  No lo echa sino que simplemente le exige que retome su lugar de discípulo; algún día entenderá. También en la historia de la Iglesia muchas veces los pastores se han convertido en piedras de tropiezo para los cristianos. A Satanás, el mentiroso, es difícil  reconocerlo cuando se esconde detrás de los hombres de Dios con el pretexto de buscar  el bien de la Iglesia, pero por caminos equivocados. A los demás discípulos, que piensan igual que Pedro,  Jesús les anticipa que si quieren seguirlo (Jesús no obliga a nadie a seguirlo) para continuar su obra, también tendrán que sufrir y hacer renuncias.. Renunciar o negarse a sí mismo no significa rechazar el disfrute de las cosas buenas de este mundo sino dejar de pensar únicamente en uno mismo y entregar la vida a Dios y a los hermanos; el centro de la vida para el discípulo ya no es uno mismo sino Jesús y el Reino. Debe cargar con su cruz y seguirlo. Antes que nada la cruz es la persecución, las incomprensiones por luchar por el Reino de Dios. Que cada uno cargue con "su" cruz también se refiere a la que nos fabricamos nosotros mismos o que nos imponen las circunstancias. Esa cruz de "cada día" (Lc 9,23)  no lleva necesariamente a una muerte violenta pero a la aceptación paciente de las pruebas y dificultades de la vida cotidiana; hay que llevarla junto a Jesús para la salvación del mundo. Añade también Jesús: "Quien quiere salvar su vida la perderá". Esto significa que el que fracasa en la vida, soltero o casado, es el que nos sabe amar y vive egoisticamente. Hay que vivir la vida como un don gratuito recibido por Dios, que hay que compartir con los demás. No es ninguna ganancia perder la vida eterna a cambio de los bienes temporales. Después de estas enseñanzas, Jesús invita a sus discípulos a mirar más allá cuando Jesús vuelva glorioso para juzgar el mundo. Esa venida gloriosa no es lejana porque comenzará a producirse con su resurrección. Y quien ha compartido su cruz, compartirá también su victoria.

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