EVANGELIO DEL DOMINGO

 EVANGELIO DEL DOMINGO:

LOS TRABAJADORES DE LA VIÑA

Muchos se sorprenden con esta parábola (Mt 20,1-16). Les parece  injusto que se le pague lo mismo  a los que han trabajado tan solo una hora, que a los que han trabajado todo el día y no se tenga en cuenta sus sacrificios y sus meritos. El mensaje central se da justamente en la segunda parte de la parábola cuando los primeros en llegar a la viña se indignan con el dueño , no por el sueldo que han convenido  sino por haber sido tratados igual que los últimos y tener que pasar de primeros a últimos en el pago. Los últimos por otra parte no es que hayan trabajado mejor que los primeros ni han acordado un sueldo con el dueño; no pretenden nada y confían en su bondad. Algo similar a esta parábola sucede también con un pastor que deja abandonadas las 99 ovejas que están en redil para buscar a una sola que se ha perdido o con un padre que hace la fiesta más grande para un hijo infiel  y no para el otro que siempre le ha obedecido. El dueño paga por igual a todos con un denario, que era un jornal justo y digno en aquel tiempo. El dueño de la viña es un señor que se compadece de esos desocupados que han llegado tarde a la viña; sabe que esa gente vive al día y, si no trabaja, no come. Un denario era suficiente para que comiera toda la familia; por el contrario el sueldo para una hora de trabajo hubiera sido insuficiente para darles de comer a los hijos. Este señor quiere que haya trabajo (por eso busca trabajadores en distintas horas del día ya que el trabajo es mucho) y pan para todos. No deja de pagar lo justo a los primeros pero se compadece de los últimos. Es que la misericordia y la bondad de Dios van más allá de la justicia, del derecho y la ley. En la mesa del Reino no habrá desigualdades. Dios no castigará a unos ni recompensará a otros; para él todos son sus hijos. Queda excluido tan solo él que se rehúsa a compartir con el hermano. Es lo que sucede con el hermano mayor de la parábola del hijo prodigo; ha trabajado duro, y siempre se ha quedado en casa mientras que su hermano que ha sido un disoluto es tratado mejor que él. Por eso no quiere sentarse a su lado y se queda afuera de la puerta. Este hijo mayor, igual que los trabajadores de la primera hora, ha tenido un trato comercial con el padre pretendiendo una recompensa mayor que la del hermano descarriado. Los obreros de la última hora igual que el hijo menor se encuentran con las manos vacías, sienten que no merecen ni tienen derecho a nada. Por el contrario los primeros murmuran, como hacían los fariseos por la bondad que demostraba Jesús con los pecadores. Ellos tratan a los "últimos"( o sea a los pecadores) a distancia, se sienten superiores a ellos y los desprecian. Ellos creen que Dios recompensará sus meritos y condenará a aquellos. No comprenden que nadie puede pretender nada de Dios, como hace un empleado con su patrón. El padre, que es Dios, le dice a su hijo mayor:"Todo lo mío es tuyo" (Lc 15,31). Si hay una relación filial con Dios, la paga final superará todos los meritos imaginables. Dios no dará a cada uno según sus meritos, sino según su gran misericordia y  la confianza que hayamos tenido en Él. La recompensa mayor será vivir en la casa del Padre como hijos y hermanos reconciliados, en familia. El tema de fondo es por lo tanto la misericordia gratuita de Dios también para con los pecadores y que pide tan solo una respuesta de amor y compasión para con ellos. 

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