A LOS 30 AÑOS

A LOS 30 AÑOS:

EL SANTO Y LA MAFIA

Hace 30 años, el 15 de septiembre de 1993 moría acribillado por la mafia siciliana en Palermo (Italia) el cura párroco Pino Puglisi. Era un sacerdote manso y sencillo, hijo de un zapatero y una costurera; vivía pobremente y vestía ropa que conseguía en Cáritas. Había sido enviado como párroco en 1960  a la zona "roja" del Brancaccio, un conjunto de casas populares, viejos recovecos, montañas de basura y una violencia cotidiana. Era una población de 8 mil habitantes que para vivir dependían  totalmente de la mafia, presente en todo lado; pero nadie hablaba de ella. Allí dominaban las "familias" de Cosa Nostra y el cura conocía el ambiente porque había nacido allí. No se dedicó a estridentes denuncias sino a combatir, sobre todo en la escuela, la mentalidad mafiosa. Salía a las casas, reunía a la gente para rezar y leer los evangelios y despertaba una nueva consciencia. Se dedicó sobre todo a los jóvenes. Por varios años había sido profesor de religión en escuelas secundarias. Constataba que los chicos no querían la primera comunión porque después no podían seguir robando y vendiendo droga. Si no traían a casa algo todos los días, los golpeaban. Fundó entonces el "Centro Padre Nuestro" con la intención de arrebatar a los niños y a los jóvenes de las garras de la mafia. Se hizo ayudar por un grupo de voluntarios (asistentes sociales, maestros, deportistas y catequistas). A los chicos se les enseñaba no solo el catecismo sino la Constitución, las leyes, los derechos humanos. Había que desterrar la idea de que solo obedeciendo a la mafia se podía obtener trabajo, plata y respeto. Por otro lado Puglisi urgía a las autoridades para que en la barriada hubiera un liceo, una policlínica, una palestra. Cuatro meses después de la inauguración del Centro, estallaron bombas molotov frente a la iglesia. Era la primera advertencia. Por su parte Puglisi rechazaba donaciones de la "Honorada Sociedad" ni quería a esa gente en los puestos de honor (se presentaban como gente muy religiosa); inclusive rechazaba el dinero cuya origen desconocía. Había personas que escuchaban sus sermones y después los delataban a los jefes de la mafia. Él lo sabía pero continuó con su trabajo. Clamaba que solo Dios es el Padre Nuestro, no los "padrinos". Dejó dicho: "Nuestras iniciativas para proponer otros modelos a la juventud son poca cosa. Pero si cada uno hace algo, entonces se puede hacer mucho". Los encargados de eliminarlo fueron dos killer o sicarios. Él caminaba como siempre por la calle sin custodia, sin huir, a pesar de las amenazas de muerte. Habían pasado tan solo tres años desde que se había hecho cargo de la parroquia san Cayetano del barrio Brancaccio. El 15 de septiembre de 1993 por la noche, el mismo día que cumplía 56 años, los dos sicarios lo siguieron mientras volvía a su casa. Uno de ellos hizo como que era un asalto para robarle la cartera. Puglisi se dio vuelta, lo miró y le sonrió diciendo:"me lo esperaba". Fue el momento en que desde atrás el asesino, Salvatore Grigoli, con un solo golpe de pistola en la nuca lo tiró al suelo sin vida. Este último se arrepintió recordando la sonrisa desarmada del mártir; colaboró con la policía y por su buena conducta evitó la cadena perpetua (hoy vive en el anonimato). El 25 mayo del 2013 frente a una muchedumbre de cien mil personas en Palermo, Pino Puglisi fue beatificado. Hay otras víctimas de la mafia camino a la canonización como el cura José Diana y el juez Rosario Livatino de 38 años, abatido en 1990 y que tenía un lema propio en latín:"sub tutela Dei "(=bajo la protección de Dios) y en eso se apoyaba.

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