EL EVANGELIO DEL DOMINGO: EL DEUDOR SIN PIEDAD
EL EVANGELIO DEL DOMINGO:
EL DEUDOR SIN PIEDAD
La parábola de Jesús que cuenta Mateo (18,23-35) se refiere probablemente a un alto funcionario, porque se trata de una suma desorbitada que él debía al rey. Diez mil talentos equivalía a cien millones de denarios (un talento equivalía a diez mil denarios o jornadas de trabajo o si se quiere a 35 kilos de oro). El hombre se arroja a los pies del rey prometiendo pagar y pidiendo un plazo. El rey sabe que no podrá pagar esa suma y "se compadece a de él" (18,27). Es la misma expresión que se usa para el padre del hijo pródigo (Lc 15,20). El rey le perdona todo y el funcionario, en vez de ser vendido como esclavo con toda su familia, sale del palacio restablecido en todas sus funciones igual que el hijo pródigo. Pero al salir se encuentra con un servidor que le debe tan solo cien denarios (una suma que él podía ir juntando de a poco) y que repite los mismos gestos y palabras que él había usado para con el rey. El funcionario ni se da cuenta de ello, pretende enseguida la plata y manda el deudor a la cárcel. El rey perdona, el funcionario perdonado no perdona y esa actitud mezquina y cruel irrita a sus mismos colegas. El perdón que debemos usar para con los hermanos debería ser la consecuencia del perdón gratuito, desmedido y permanente que recibimos de Dios (el rey). No es el perdón al hermano que nos hace merecer el perdón de Dios, sino al revés; es Dios que toma la iniciativa y es su amor que nos lleva a perdonar al hermano. Lo que le debe este funcionario al rey es una suma enorme, impagable. Es la que le deberíamos pagar nosotros a Dios por el don de la vida, la inteligencia, la fe, la remisión de los pecados. Hemos sido y somos perdonados todos los días de forma gratuita más allá de nuestra imaginación. Mientras Dios perdona todo y enseguida si le pedimos perdón de corazón, nosotros ni siquiera le damos un plazo, una oportunidad al hermano. Es el rey que toma la iniciativa de perdonar al funcionario, lo mismo que hace Jesús al acercarse a los pecadores. El funcionario no le pide perdón al rey sino tan solo un plazo para pagar. Igual que el hijo pródigo, ni se imagina la bondad desbordante del rey (o del padre); tampoco se imagina la cólera del rey por el maltrato dispensado al servidor. El rey no se preocupa por sus derechos, pero condena al hombre "malvado", no por la deuda que le debe a él sino por no haberse compadecido y perdonado al servidor. El hermano mayor queda fuera de casa por no perdonar al hermano. También en Mt 5,21-26 hay una verdadera desproporción entre las faltas al hermano (enojarse, insultar, tratar a uno de necio) con el castigo que Jesús propone.. Es para subrayar la gravedad y seriedad del amor fraterno. Los humanos debemos ser misericordiosos como lo es Dios; pero no sabemos perdonar porque no conocemos la misericordia de Dios.
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