LOS QUE QUIEREN ARRANCAR LA CIZAÑA
LOS QUE QUIEREN ARRANCAR LA CIZAÑA
El domingo 23 de julio el evangelio nos habla de un sembrador que sembró "semilla buena", pero se da el caso que junto con el trigo va creciendo una abundante cizaña. La cizaña era una mala hierba que se podía confundir con en el trigo y solo se podía distinguir del trigo cuando se formaban las espigas. Pero era tan abundante que lo peones querían arrancarla enseguida antes que fuera demasiado tarde. El dueño piensa que es un enemigo que lo ha hecho en forma clandestina, quizás de noche. Pero se opone a que la arranquen porque quiere salvar todo el trigo, absolutamente todo; y para eso les pide paciencia. Hay que esperar hasta la siega; el dueño no quiere que con la cizaña se termine arrancando también el trigo. Igual que los peones, nosotros también le preguntamos a Dios:¿por qué hay tanto mal en el mundo? Si el Reino de Dios ha llegado, ¿por qué sigue habiendo tantas injusticias y guerras? Como respuesta, Jesús denuncia la presencia del Maligno (Mt13,28)). De hecho existe una maldad, una brutalidad en el mundo que no se explica racionalmente hablando. Pero a la vez destaca la paciencia de Dios y la que tenemos que tener nosotros frente a los hermanos pecadores. Los buenos y los malos estarán siempre mezclados y por lo tanto deben aprender a vivir juntos. En nosotros mismos hay una mexcla de trigo y cizaña. No se puede juzgar a los demás y ni a uno mismo. Unicamente el dueño que ha sembrado el trigo sabrá discernir, en su momento. Y Él no tiene apuro porque a lo largo de la vida la maleza puede transformare en trigo y al revés. Esta parábola combate nuestras impaciencias apostolicas, por no aprender nada de la paciencia de Dios con nosotros, por adelantarnos indebidamente al juicio de Dios, por no respetar las etapas de maduración de las personas. Sucede que muchas personas que parecen trigo no los son, y al revés. EL Reino de Dios en las personas y en la sociedad va creciendo lentamente. Siempre la Iglesia padeció la tentación farisaica de la rigidez, la excomunión, el juicio condenatorio, la intolerancia. Es la postura de los autodeclarados "defensores de la fe". La victoria del Reino de Dios no se da por la imposición y la fuerza, sino por el dialogo y la persuasión. También la Iglesia ha de hacerse"pequeña" (Mt 18,3) para entrar en el Reino de Dios. Jesús en Mt 13,47-50 compara la Iglesia a una red barredera que recoge toda clase de peces, comestibles y no. La Iglesia no salvará al mundo encerrandose en un grupo de elegidos, de gente perfecta e irreprensible que se arroga el derecho de juzgar a los demás y de sentirse arriba de los demás. La Iglesia es la comunidad, no de los perfectos sino de hombres pecadores salvados por la misericordia de Dios, donde todos pueden encontrar la salvación.
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