EL TESORO Y LA PERLA

EL TESORO Y LA PERLA

El domingo 30 de julio en el evangelio se nos cuentan unas parábolas de Jesús. El Reino de Dios es comparable a un peon rural que trabajando en un campo que no es suyo, mientras araba o limpiaba el campo del dueño, encuentra un tesoro. Y también a un mercader que encuentra una perla de gran valor. Sin decir nada a nadie, los dos se juegan la vida; venden todo lo que tienen para comprar el tesoro y la perla. Es fácil pensar que la gente, que no conoce ni el tesoro ni la perla se rian de ellos considerándolos alterados mentales. Sin embargo ellos lo hacen todo con  alegria (Mt 13,44) porque para ellos se trata de una ganancia y no se preocupan por lo que digan los demás. Con el genero literario de las parábolas Jesús habla a todos y usa comparaciones, como una invitación a despertar la conciencia y el interés, a seguir buscando. Jesús no quiere imponer sus enseñanzs, tan discordantes de las de los escribas. Pero al mismo tiempo añade. "El que tenga oídos para escuchar que oiga" (Mt 13,9). Escuchar es más que oír; se oye con los timpanos, se escucha con el corazón. El que busca realmente la verdad y la voluntad de Dios, las encontrará y los problemas se irán aclarando. Pero para eso hay que acercarse a Jesús (Mt 13,36) como hicieron los apostoles haciéndole preguntas para entender y profundizar en su palabra. Ellos son los pequeños a los que   Dios revela los "misterios del Reino" y no a los sabios y prudentes (Mt 11,25). Con esto Jesús se refiere a los esribas y fariseos que "miran y no ven, oyen pero no entienden"  (Mt 13,14). Ese grupito que se acerca a Jesús, escucha y medita la Palabra de Dios para ponerla en práctica, es la Iglesia. Quien más desea y busca la verdad, quien más escucha a Jesús, más recibe y cuanto más recibe más desea recibr; quien no se molesta para buscar,  queda sin nada. Jesús es el sembrador que echa la semilla en todos los rincones del campo. Jesús no planta arboles, sino que siembra semillas; pero estas requieren seguimiento, porque el procso de crecimiento lleva tiempo. La otra parábola de la red nos recuerda que la primera actividad de la Iglesia ha de ser la misión, o sea la de pescadores de hombres. La Iglesia debe tener las redes abiertas para todos, peces buenos y malos. Jesús no vino para condenar sino para salvar. No tenemos que extrañarnos de los escándalos que se producen en la Iglesia, pero tampoco hay que soportarlos pasivamente porque algún día los autores de esos escandalos , igual que los peces malos, serán echados y tirados. 

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