LA SEMILLA ES LA PALABRA DE DIOS

DOMINGO 16 DE JULIO:

                                                     

La Palabra de Dios, dice Jesús, es como una semilla que siembra un sembrador aparentemente distraido o inexperto porque echa las semillas también sobre los caminos, entre piedras y espinos. En realidad este sembrador lo hace de proposito y siembra con abundancia en todos los rincones del campo porque está convencido de que la semilla es buena y es capaz de brotar en cualquir lado. No hace calculos ni elige terrenos; siembra a manos llenas. Sabe que parte de las semillas puede perderse y así sucede. Pero, a pesar de eso, el resultado que da la tierra buena es sobreabundante y lo compensa todo. El sembrador es Jesús que "sale" (Mt 13,3) a los poblados de Galilea para sembrar la Palabra. Domina en esta parábola (y en la del grano de mostaza y del trigo que crece solo) el contraste entre un comienzo muy humilde y un final encima de todas las expectativas. Pero antes ha de pasar el otoño, el invierno, la primavera. Las semillas  permanecerán bajo tierra y darán futo con el tiempo; es preciso esperar. Parecen desaparecer y morir, pero están llenas de vida; caen en todas partes, si bien con éxitos distintos. Hay una cierta insistencia en las dificultades que encuentra la siembra, pero el acento está puesto en en el resultado final, inesperado y  asombroso. Los esfuerzos del sembrador no han sido inutiles. El Reino de Dios se difunde sin que nosotros sepamos el como y el donde. La semilla tiene fuerza propia y crece por si sola (Mc 4,26-29). Mucha gente seguía a Jesús por curiosidad, por las curaciones, los milagros y se quedaba lejos. Solo los discipulos se acercan a Jesús para entender mejor el significado de sus palabras. A ellos que se acercan a Jesús (Mt 13,10) , lo buscan y quieren alimentarse de su palabra, se les concede "conocer los misterios del Reino de Dios"  mientras que los demás miran y no ven, oyen y no entienden. El que busca y se esfuerza en progresar en el conocimiento de Dios y de su voluntad, recibirá cada vez más luz; el que se queda, terminará en  la oscuridad (Mt 13,12). La antorcha que humea, si no se la alimenta, termina para apagarse. Según Marcos Jesús también condena  la impaciencia del sembrador que quiere ver resultados inmediatos (Mc 4,26-29). No se condena el trabajo sino el activismo y la angustia. El Reino de Dios es obra de Dios; nosotros somos simples servidores.

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