evangelio del domingo: ¿CUAL CONVERSION?
Evangelio del domingo:
¿CUAL CONVERSIÓN?
El evangelio del segundo domingo de adviento (Mc 1,1-8) empieza con la predicación de Juan el Bautista en el desierto de Judea. Juan predicaba el arrepentimiento de los pecados y un cambio de vida, en vista del inminente juicio de Dios. Esa conversión debía ser gracias al esfuerzo humano y producir frutos de justicia, honestidad, solidaridad. Juan bautizaba (=sumergía) en las aguas del rio Jordán a aquellos que acudían a él y confesaban sus pecados, como signo de purificación, limpieza espiritual, perdón. Las autoridades religiosas no lo aceptaban a él porque prescindía del único lugar, el templo de Jerusalén, en donde según ellos era posible recibir el perdón de Dios. Juan los amenazaba a ellos también con el castigo de Dios. A ellos que pretendían escapar del juicio de Dios, los comparaba con las víboras que huyen de un campo que se incendia (Mt 3,7). Su misión era "preparar el camino" para la venida del Mesías que venía a juzgar el mundo. Jesús, igual que Juan, predicaba la conversión, pero hay una diferencia radical entre ambos. Juan insistía en el esfuerzo, el voluntarismo, en los meritos personales para ganar la amistad con Dios. El llamado de Jesús tenía otro significado: "conviértanse y crean en el evangelio"(Mc 1,15). Para Jesús la conversión es fruto de una "buena noticia" (evangelion, en griego) que no es la de Juan que amenazaba con los castigos y el juicio de Dos. La conversión es consecuencia del descubrimiento de la desmesurada misericordia de Dios y de su iniciativa al enviarnos a su propio Hijo para salvarnos. Como ya profetizaba Juan (Mc 1,8), con el Bautismo Jesús nos dona su Espíritu, capaz de transformar realmente nuestra vida, como un nuevo nacimiento. Aún así Juan el Bautista nos enseña que hay que preparar el terreno para que la semilla de la fe crezca y de frutos, para que el mensaje de Jesús sea acogido, para una digna respuesta a su amor. Dios siempre tiene la iniciativa, pero no se impone . Hay que sentir la necesidad de Dios, de su perdón y buscarlo; no dormirse. Juan nos da el ejemplo con su humildad, austeridad, búsqueda de la voluntad de Dios. En realidad la verdadera conversión no se da por miedo al juicio de Dios, sino por la confianza que nos inspira la misericordia de Dios manifestada en Cristo. Desde el comienzo Jesús se presenta como amigo de los pecadores y se pone en la cola junto con ellos para bautizarse aunque no necesitara del bautismo de Juan; no viene como juez con el hacha en las manos ni trayendo la pala para separar el trigo de la paja y destinar esta al fuego. Jesús no niega el juicio de Dios que Juan anuncia, pero la misericordia de Dios tiene tiempos más largos. Jesús aprecia a Juan por su testimonio, por ser su mensajero y precursor, pero con Jesús empieza un tiempo nuevo, de esperanza. Juan ayunaba, pero Él ha venido a traer un "vino nuevo"(Lc 5,37-39), es decir la alegría del evangelio. El mensaje de Jesús no es un "remiendo"(Lc 5,36) de la religión judía sino un "vestido nuevo".
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