TEMA DE FONDO: LA JUSTICIA SOCIAL
TEMA DE FONDO:
LA JUSTICIA SOCIAL
Tiempo atrás desde el área neoliberal se afirmó que la justicia social es una "inmundicia" porque es "robarle al rico el fruto de su trabajo para dárselo a los pobres; y esto de robar va en contra del séptimo mandamiento". Se acusó al Papa Francisco de "valorar ese robo, siendo consenciente con el comunismo que él no condena y con toda la izquierda, hablando continuamente de justicia social". Estas exóticas y trasnochadas definiciones son propias del capitalismo salvaje de hace dos siglos o si se quiere de las recientes dictaduras militares que acusaban de comunismo a cualquiera que trabajaba por los pobres. Son afirmaciones difíciles de tragar para una persona sensata y más para un cristiano. Estas personas defienden la libertad pero no hay libertad sin justicia social, sin respetar los derechos humanos en su totalidad. Libertad y justicia social no se oponen ya que la dignidad humana exige lograr condiciones de libertad, seguridad económica e igualdad de oportunidades para todos.
LOS DERECHOS HUMANOS
Una autentica democracia se fundamenta sobre los derechos humanos con sus correspondientes deberes. La democracia por ejemplo puede resultar formal y no real cuando de la libertad solo disponen los ricos y poderosos, mientras a los pobres no les alcanza ni para comer. Los derechos humanos son inviolables y universales; fueron codificados en la Declaración de la ONU de 1948 en forma vinculante para todos.. Existen los derechos civiles y políticos surgidos de la Revolución Francesa en contra de las monarquías absolutas. Son los derechos a la libertad de consciencia, de opinión, de prensa, de asociación, de religión, enseñanza, sufragio etc. defendidos por los liberales y es una conquista para todos. Pero existen también los derechos económicos, sociales y culturales que no son de segunda categoría ni menos urgentes. No hay libertad cuando millones de personas son obligadas a vivir con hambre o a morir de hambre (y no por ser unos vagos o no querer trabajar) debido a sistemas económicos nefastos.. Son los derechos a la vida, a un trabajo digno ( que no significa bienestar) , alimentación y asistencia médica, educación gratuita, protección contra el desempleo, previsión social y seguros (en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, vejez, viudez). En cuanto a los derechos civiles y políticos hay que reconocer que la Iglesia demoró casi un siglo para aceptarlos, pero no fue así con los derechos económico-sociales. Inclusive fue precursora de los mismos, adelantándose al estado con sus hospitales, leproserías y centros de estudio. Lo hacía en nombre de la caridad cristiana, pero con la revolución industrial, debido a la crueldad del capitalismo y al despertar de los movimientos obreros que protestaban contra su explotación, comprendió que la justicia debía preceder a la beneficencia. Ya lo habían entendido los profetas del Antiguo Testamento antes de Jesús, cuando denunciaban las injusticias contra los pobres y hubo inclusive leyes para que no hubiera "ningún necesitado" (Dt 15,4). Con la encíclica Rerum Novarum (1891) de Leon XIII, se empezó a hablar de derecho al trabajo, de un salario justo, de un debido descanso, de la protección de mujeres y niños en el trabajo, de asociación y sindicados; en una palabra, de justicia social. Lo que había pasado es que si el liberalismo político había sido algo positivo, sin embargo el liberalismo económico resultó ser una máquina de fabricar pobres. Los liberales aún hoy defienden los derechos civiles y políticos, pero no tienen la misma preocupación por los derechos económico-sociales. La realidad es que no puede haber una libertad absoluta porque esta llevaría y lleva a la concentración de bienes, a la máxima desigualdad, al dominio del poderoso sobre el débil, del rico sobre el pobre, a la llamada "ley de la selva". Ya decía el padre Lacordaire en el 1800:"Entre el rico y el pobre, entre el fuerte y el débil la libertad oprime, la justicia libera". Por eso la necesidad de la intervención del estado.
IGUALDADES BASICAS
La ideología capitalista premia la iniciativa, el esfuerzo , los meritos y capacitades personales mientras que la justicia social mira más a la igualdad fundamental entre los hombres sin excluir ni privilegiar a nadie, a la redistribución de los bienes producidos por todos y que han de favorecer sobre todo las necesidades de muchos, más que el bienestar de unos pocos . La redistribución de los bienes corresponde a los poderes públicos mediante el sistema tributario y los seguros sociales. Hay un grave deber de pagar los impuestos y castigar la evasión fiscal. Para los liberales y neoliberales el motor de la economía es la máxima ganancia posible a través de la libre competencia que estimula la producción, y el mercado libre. Para ellos la justicia social y la igualdad de derechos en cuanto a las necesidades básicas son un espejismo. Los precios y los salarios son determinados por las leyes naturales del mercado (de la oferta y la demanda), como en los procesos físicos, químicos y biológicos. La economía, según ellos, no tiene reglas morales y solo busca la eficiencia y puede llegar a condicionar la misma política. Hoy con el capitalismo y el neoliberalismo reina el dios dinero y hasta la política y el deporte se transformaron en negocios. No se quiere la intervención del estado y esto provoca enormes brechas sociales porque no todos tienen las mismas oportunidades , posibilidades y recursos.. Muchos no tienen la posibilidad de integrarse al trabajo, a pesar de su voluntad de hacerlo. Siempre hubo pobres, pero con los mecanismos y las estructuras capitalistas hoy ya no se habla de pobres, sino de empobrecidos, excluidos, descartados. Es "una economía que mata"(´Papa Francisco). Los trabajadores informales y desocupados son una multitud. El Papa Francisco ha promovido lo movimientos populares con la triple consigna: "trabajo, tierra,techo". La justicia social en la Biblia es justamente tarea específica del rey que debe defender al débil y a quienes son privados de sus derechos humanos. Esto no es en desmedro de la cultura del trabajo. Ya san Vicente de Paul (+ 1660) decía: "No hay que ayudar más que a aquellos que no pueden trabajar ni lograr su sustento. Apenas tenga uno fuerza para trabajar, habrá que darle algún utensilio para que empiece a trabajar, sin darle nada más. La caridad suple de momento la falta de justicia, pero no renuncia a ella que es lo primero". Y mucho más atrás el mismo san Pablo : "Quien no trabaja, que no coma" (2 Tes 3,10). Los que pudiendo no trabajan, son una carga injusta para aquellos que trabajan; son unos parásitos porque se benefician del bien común pero no aportan. Los planes asistenciales del estado ayudan a superar el hambre y la miseria extrema para los que por varios motivos son impedidos para trabajar, pero pueden contribuir a que muchos se acostumbren a recibir todo pasivamente de arriba.
CULTURA DEL TRABAJO
Hay que incentivar el trabajo productivo y la misma Iglesia debe apuntar a que el pobre desarrolle sus propias capacidades y no viva de limosnas. Hasta el más mínimo trabajo manual es agradable a Dios si hecho con responsabilidad; Dios ha entregado el mundo al hombre a medio terminar para que él lo complete. Obviamente no hay que confundir ociosidad o vagancia con "tiempo libre" o descanso, los que son indispensables. Siempre es válido lo que dice Edmund Burke: "todo lo que falta para que triunfe el mal, es que los buenos no hagan nada". Pero la finalidad de la producción no es tan solo el lucro para la empresa sino el bien de los trabajadores y de la sociedad. Por lo tanto las necesidades básicas de los indigentes deben tener preferencia sobre las ambiciones de los ricos, los derechos de los trabajadores sobre el incremento de la empresa, el bien común sobre el bien individual. Hay un derecho al trabajo y un deber del trabajo. Una economía que mantenga desocupada a la población activa no es una economía justa, aunque proporcione subsidios. El trabajo no es un mero factor productivo, como piensan el capitalismo y el marxismo. La propiedad privada es indispensable para la libertad humana y no se puede suprimir como ha hecho el marxismo; pero es un derecho de todos y no debe concentrarse en pocas manos. La propiedad privada no es absoluta porque la tierra es de Dios y la puso a disposición de todos. Lo primero e irrenunciable es el destino universal de los bienes. Antaño se nos había enseñado que lo importante era ser buenos pobres y buenos ricos; y todo se arreglaría sin atacar las causas de la pobreza y de la opulencia. Pero Jesús se sintió enviado a los pobres y oprimidos no porque fueran buenos, sino porque tratados injustamente y quiso devolverles su dignidad de hijos de Dios. Ahora sabemos que la pobreza y la indigencia vulneran, debilitan, deterioran la dignidad humana y hay que desterrarlas. Ahora sabemos que la desigualdad es el peor veneno para la convivencia en democracia. De las tres banderas de la revolución francesa ("liberté, egalité, fraternité") hay todavía que levantar la tercera y así serán posibles también las primeras, como enseña el Papa Francisco en "Fratelli tutti". PRIMO CORBELLI
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