editorial: MENOS CURAS Y MAS LAICOS
Editorial
MENOS CURAS Y MAS LAICOS
Todos se quejan de la falta de curas y del vaciamiento de las iglesias por los menos en occidente . Es evidentemente un signo de los tiempos con el que Dios nos habla hoy, pero hay que saber interpretarlo. El Papa Francisco parece no preocuparse excesivamente de la falta de curas , aunque concuerde con lo dicho en el Sínodo de que hay que renovar los seminarios. Hay dos palabras clave en su pontificado. La primera y su máxima preocupación no es la falta de clero sino el clericalismo. Esta palabra ha sido repetida decenas de veces en sus discursos; según él, es el mayor peligro para la Iglesia. Ya Antonio Rosmini (+1855) hablaba de cinco llagas de la Iglesia y la primera era la lejanía entre el pueblo fiel y la "jerarquía" (palabra que no existe en la Biblia y que se suele identificar con el poder del clero: Papa, obispos, presbíteros). Igual que Rosmini, el Papa Francisco condena esa actitud de lejanía, de superioridad, de aura sagrada de los obispos y "presbíteros" (el único "sacerdote" o mediador entre Dios y los hombres es Cristo). Por siglos la Iglesia se ha apoyado sobre unos pocos elegidos e iluminados. Jesús nos había enseñado sobre quién era el más importante de sus discípulos (Mt 20,26-28). Jesús no enseñaba desde una cátedra, no tenía títulos académicos y les prohibió cualquier titulo honorifico a su discípulos; caminaba con la gente y se alejaba en soledad solo para rezar. La segunda palabra de este pontificado y que está relacionada con la primera es:"Pueblo de Dios" para designar a la iglesia, compuesta no solo por el clero sino por todos los bautizados, con igual dignidad y misión, sin excluir a nadie. Este Pueblo de Dios en su conjunto ha de ser el protagonista de la evangelización. Antes había cristianos de primera categoría (el clero) y de segunda que eran los "laicos", llamados a ser obedientes ejecutores de lo que disponían los primeros. Hace poco tiempo atrás el Papa Francisco recordaba que ya en su juventud al tiempo de la JOC etc. se hablaba de la pasividad de los laicos y se clamaba diciendo:"Ha llegado la hora de los laicos"; y con picardía se preguntaba si el reloj se había parado. Con el actual proceso sinodal se está entendiendo que no solo los pastores tienen que evangelizar sino todos los bautizados deben hacerlo con su testimonio personal y con la palabra cuando es posible. Se está entendiendo que no solo los laicos deben escuchar a los pastores, sino también los pastores a los laicos, no solo los laicos obedecer a los pastores sino estos también mezclarse entre ellos hasta "oler a oveja", no solo discutir sino decidir juntos. Siempre será necesaria la existencia de los presbíteros, pero serán reducidas sus funciones. Los curas habrán de limitarse a su rol específico y las laicas y laicos, que son un potencial enorme, deberán asumir sus responsabilidades en la Iglesia (sin clericalizarse) y sobre todo comprometerse a ser levadura evangélica en el mundo. Llama la atención como muchos curas jóvenes, ordenados en los dos anteriores pontificados, quieren por el contrario distinguirse y distanciarse, manejarlo todo; y gustan de las vestimentas y títulos tradicionales. El mismo Papa hablaba hace poco del éxito de las "sastrerías clericales", del exhibicionismo, carrerismo, elitismo de muchos de ellos.. Pasa igual que con los fieles cuando por el bautismo y la primera comunión se preocupan más de los gastos y de la ropa que del sacramento. El obispo ya no es un "príncipe" pero hay pastores rígidos que no les importan ni el ecumenismo, ni los pobres, ni el medio ambiente ni de lo que piensa la gente. Hay mucho formalismo sagrado todavía, con mentalidad de "casta". Llevará tiempo adoptar el nuevo estilo sinodal.
"SEGUIMOS ADORMECIDOS"
Daría la impresión de que hasta ahora en el Sínodo se ha hablado más de la interna de la Iglesia y de sus problemas, que de la evangelización del mundo de hoy; la comunión y la participación deberían estar en función de la misión. Occidente y los países tradicionalmente católicos se están descristianizando; América Latina está invadida por sectas; los granes países asiáticos aún no han sido suficientemente evangelizados. Ya no hay tiempo para perder. Lo novedoso de este Sínodo de Obispos es que se ha abierto a los laicos y en especial a las mujeres, poniéndose a la escucha de los signos de los tiempos. La Iglesia antes de encarar la misión, quiere empezar por sí misma, renovándose en su interior para dar testimonio de lo que predica. Quizá no se hayan escuchado suficientemente por ahora, no solo los sinodales entre sí , sino también los clamores de los nuevos pobres producidos por la pandemia, las guerras y el terrorismo, la corrupción socio-política, la economía "que mata", la injusticia social (en la huella de Laudato si y Fratelli tutti). No se le dio mayor relevancia a la Doctrina Social de la Iglesia, tan importante y tan poco conocida. Quizás hubo demasiadas expectativas para este Sínodo. Obviamente no se trataba en este caso de un Concilio y el tema era tan solo la sinodalidad; las cuestiones más difíciles se dejaron para estudios ulteriores. En la asamblea se vivió un clima realmente sinodal; no se dio la polarización y las divisiones que se temían y hubo importantes sugerencias pastorales. Pero al no haber avances realmente significativos y propuestas estimulantes, se constató que lentamente el entusiasmo de los primeros pasos de este largo camino sinodal fue disminuyendo y en muchas partes ya ha desaparecido. Escribe el teólogo español Felix Ugarte:"Este largo tiempo entre las dos sesiones puede desviarse hacia un desinterés generalizado y un ausentismo peligroso si desde las bases no se reacciona, ya que la sinodalidad es tarea de todos y todos los cristianos han de movilizarse para una tarea común". Más allá de aciertos y desaciertos, esta primera sesión del Sínodo ha demostrado algo muy importante: es posible practicar la sinodalidad y el diálogo sin agresividad, respetando el pluralismo de las opiniones en una Iglesia cada vez más global. Sobre el tema de la misión ha insistido el cardenal Víctor Manuel Fernandez en una entrevista a Vida Nueva adonde constata: "Se esperaban cambios importantes ya desde la publicación de Evangelii Gaudium que ha sido y es el programa pastoral de este pontificado. Sin embargo diócesis, parroquias, comunidades, movimientos y agentes pastorales siguen adormecidos, enfrascados en mil cosas secundarias y olvidando las más importantes. Lo que más preocupa hoy al Papa no son las ocurrencias de los obispos alemanes, sino la falta, que se ve en todas partes, de fervor misionero para una Iglesia en salida que va a las periferias. El Papa ha dicho: "No podemos dejar las cosas como están"(E.G n.25): lo que significa que debe haber cambios y el Papa está dando el ejemplo. Pero para eso hace falta audacia y generosidad. El proyecto de Francisco era y es un proyecto misionero, fundado en el primer anuncio, el anuncio básico y central del Evangelio: de un Dios que nos ama en Cristo y por lo tanto de una Iglesia misericordiosa, de puertas abiertas, callejera. Anuncio que no es proselitismo ni propaganda, sino un provocador testimonio de fe y de vida. Es volver al corazón el evangelio, el amor, que ha quedado sepultado bajo un cúmulo de doctrinas y preceptos". Una Iglesia estancada y cansada, sin profetismo, no evangeliza ni convence a nadie. P.C.
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