evangelio del domingo: EL JUICIO UNIVERSAL

Evangelio del domingo:

EL JUICIO UNIVERSAL

En  Mt.25,31-46 se habla del juicio universal al final de la historia. Muchos cristianos temen a un Dios juez y castigador de nuestros pecados, al que no se le escapa nada, al que hay que hay que rendir cuenta de todo y que desde su tribunal pronunciará  sentencias inapelables. Esa imagen del Dios juez era la que tenía el hijo menor de la parábola al volver a la casa del padre; creía que sería castigado y reducido a integrar el grupo de los servidores. Alguien puede pensar que al tiempo de la misericordia sucederá el tiempo de la justicia cuando Jesús vuelva. Pero Dios no cambia y menos en su ardiente deseo de salvar y reunir a todos sus hijos. Dice el evangelio que Dios no mandó a su Hijo para juzgar y condenar al mundo, sino para salvarlo. Dice Jesús en Jn 3,18: "Al que escucha mis palabras y no las cumple, ya se ha condenado a sí mismo". El sol ha venido y ha brillado para todos, pero el que hace el mal odia la luz y así se queda en las tinieblas (Jn 3,19-21). También se dijo que Dios es bueno pero al mismo tiempo justo y por lo tanto no dejará impune el mal. Es que el mal no queda impune porque el hombre sufrirá en sí mismo las consecuencias de sus malas obras. Nosotros mismos nos juzgamos y la medida será la misma que usamos para con los demás (Lc 6,37-38). En Dios justicia y misericordia no se contraponen. La justicia de Dios hay que comprenderla a la luz de su misericordia porque Dios es Amor. Precisamente por ser justo,  Dios es comprensivo con la debilidad humana. Perdona en la cruz a sus verdugos porque "no  saben lo que hacen" (Lc 23,34). "No se queda indiferente ante nuestras debilidades, por haber sido sometido  a las mismas pruebas que nosotros; él tendrá piedad de nosotros y nos acogerá en el momento oportuno (Heb 4,13-16). Por eso nos dice el evangelista Juan:"Tenemos plena confianza ante el día del juicio" (1Jn 4,17) porque "tenemos un abogado ante el Padre, Jesucristo, el justo" (1 Jn 2,1). Los primeros cristianos esperaban la venida definitiva de Cristo, no con miedo sino con entusiasmo, porque sería la conclusión de la obra salvadora de Cristo, la victoria final del bien sobre el mal. Y por eso rezaban:"Ven Señor Jesús", como lo hacemos nosotros en la misa. Jesús vendrá, no para un proceso judicial, sino para reinar y así lo describe Mateo, sentado sobre un trono, frente a los pueblos de toda la tierra y de todos los tiempos, cristianos o no , creyentes o no. Y como el pastor al caer el sol, separará las ovejas de las cabras.  El criterio universal para todos es el amor a las personas más necesitadas. Todo depende del "haber hecho" o "no haber hecho" el bien a los "últimos" de nuestros hermanos y se elencan seis situaciones de extrema indigencia, de victimas de situaciones inhumanas e injustas, porque "los últimos serán los primeros" en el Reino (Mt 20,16)..Lo que valdrá para todos, valdrá de manera especial para los cristianos que serán rechazados si no han sabido ver a Cristo, el rey, en estos "pequeños hermanos" suyos (Mt 25, 40-45). Esta es la fundamentación teológica de la opción por los pobres en la Iglesia. Seremos juzgados por esta ceguera de fondo y ellos, los pobres mismos, nos juzgarán. El evangelio no se agota en la honradez personal. Estamos llamados a transformar este mundo en un mundo de hermanos, sin hambrientos, sin sedientos, desnudos, presos, enfermos, emigrantes. El relato concluye con una advertencia severa del rey para los que han vivido egoisticamente:"Aléjense de mí, malditos (Mt 25,41). Dios no echa la gente al infierno. No es una sentencia sino una constatación (" irán al fuego eterno"), dirigida a los que en su vida han optado por el mal.

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