YO SOY EL PAN VIVO BAJADO DEL CIELO

YO SOY EL PAN VIVO BAJADO DEL CIELO

En la fiesta del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo (Corpus Christi) celebramos de manera especial el sacramento de la Eucaristía, de un Dios que quiere llegar a nosotros  de una manera tan sencilla y casera bajo la forma de pan y vivo en una cena familiar. Para hacer memoria de la institución de este sacramento Mateo, Marcos y Lucas transmiten las palabras de Jesús de forma idéntica. También  las mismas palabras  transmite san Pablo (1Cor 11,23-26) veinticinco años después de la muerte de Jesús, en un texto anterior a todos los evangelios y que las recoge de las celebraciones eucarísticas que se celebraban todos los domingos (el primer día de la semana) desde los primeros tiempos. "Tomen y coman", dice Jesús. No es algo facultativo; es algo indispensable como lo es el pan de cada día para vivir. Beber su sangre (que en la Biblia significa vida) es recibir su vida, su Espíritu. Dice el Papa Francisco que este alimento "no es un premio para los perfectos sino un generoso remedio para los débiles". "Este es mi cuerpo" en la mentalidad bíblica quiere decir:"Este soy yo". También la palabra "carne" que usa Juan en vez de "cuerpo", significa la persona humana en su fragilidad. "Dio se hizo carne" significa que Dios se hizo hombre. Jesús habla de "pan vivo" (Jn 6,51) porque habla, se comunica. Jesús Resucitado vive y la Iglesia hace preceder a la eucaristía la celebración de su Palabra. La comunión con El es dejar que su Palabra escuchada en el Evangelio se haga carne en nosotros como una semilla que dé frutos abundantes. "El que permanece en mí y yo en el, ese da fruto abundante" (Jn 15,5). Se habla del cuerpo y la sangre de Jesús por separado para subrayar que el amor de Jesús  llegó a  derramar su sangre. La fiesta judía de la Pascua incluía dos aspectos fundamentales: el sacrificio en el templo y la cena familiar en las casas al caer el sol. También la Eucaristía, la Pascua cristiana, mantiene esa doble dimensión de sacrificio y de comida familiar. En todas las religiones existe el sacrifico que se ofrece a Dios; en la nuestra es Dios que se ofrece a nosotros. Jesús  renueva su  sacrificio de la cruz para interceder por nosotros y nosotros unimos nuestras ofrendas a la suya y le damos gracias ("eucaristía" en griego  significa "acción de gracias"). El aspecto eucarístico de cena familiar alrededor del pan y del vino, se destacó desde los comienzos cuando a la Misa se la llamaba "Fracción del Pan". Era compartir el mismo Pan alrededor de la misma mesa para formar una sola familia. San Pablo se negaba a celebrar la Eucaristía en una comunidad donde unos pasaban hambre y otros se embriagaban (1Cor 11,20-21). La Eucaristía es una escuela de hermandad y condivisión como en las primeras comunidades cristianas donde no había ningún necesitado (He 4,34 ). Jesús nos exige además presentarnos ante el altar como hermanos reconciliados (Mt 5,23-24). No vamos a misa los domingos simplemente para cumplir con un precepto de la Iglesia. Participamos del Cuerpo de Cristo para formar una comunidad fraterna, animada por su Espíritu.

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