LA BUENA NOTICIA DEL REINO
LA BUENA NOTICIA DEL REINO
El domingo 18 de junio el Evangelio nos habla de cómo Jesús proclamaba la "buena noticia del Reino" y enviaba a sus apóstoles para anunciar a todos que el Reino de Dios "está cerca". Pero, ¿qué es el Reino de Dios? ¿Por qué es buena noticia? El Reino de Dios no es la Iglesia. La Iglesia no debe predicarse a sí misma sino ponerse al servicio del Reino como hizo Jesús. "Reino de Dios" es una expresión a la que se le puede dar una interpretación política y efectivamente fue la razón principal que determinó la muerte de Jesús. Jesús declaró solemnemente a Pilato que este Reino no era como los de este mundo (Jn 18,36); no tenía armas ni ejércitos. Sin embargo Jesús usa permanentemente esta expresión, aunque se prestara a malentendidos. Se refiere a un nuevo orden de cosas en el mundo, a una nueva manera de pensar y actuar en la sociedad; implica una transformación de los corazones y del mundo según Dios. El Cristianismo no es solo para lo espiritual; debe ser eficaz históricamente para lograr un mundo de justicia y paz. Por eso Jesús cuestiona las instituciones religiosas y políticas opresoras, asume la causa de los pobres, la liberación de los oprimidos y marginados, la no violencia activa. En el Reino de Dios los últimos son primeros. El gobernador romano Pilato condenó a Jesús no por debilidad frente a las autoridades judías sino porque Jesús era una persona peligrosa para el orden constituido. Era más peligroso que el subversivo Barrabás porque concientizaba al pueblo. Sin embargo no era un rey poderoso y nacionalista como David. Entra en Jerusalén acompañado por el pueblo pero como un rey manso y humilde, no montado sobre un caballo y rodeado de soldados, sino sobre un burrito, animal de carga de los pobres. Jesús es presentado y proclamado por Pilato como rey de los judíos, pero coronado de espinas, revestido por burla con un manto real y una caña como cetro. Jesús ya había recibido la unción real por parte de María, la hermana de Lázaro en Betania. Es entronizado en una cruz y su título de rey de los judíos figura sobre el letrero de condena en los tres idiomas principales de la época. El único que lo reconoce como verdadero rey y lo invoca como tal es un malhechor también él crucificado (Lc 23,40-43). El Reino de Dios es un reino clandestino; no tiene estadísticas. El Espíritu de Jesús sopla donde quiere. EL Reino crece lentamente en el mundo como un grano de trigo en la tierra. Según Mt. 25,31-46 se identifica con la utopía de un mundo sin gente hambrienta, desnuda, sin techo, sin tierra, sin libertad, donde enfermos y afligidos son curados, los demonios exorcizados, los pecados perdonados. Jesús volverá como rey victorioso al final de los tiempos para implantar plena y definitivamente su Reino de amor y paz, para cuya realización nosotros también hemos sido llamados a colaborar. Los que se han negado a colaborar con los falsos reinos de este mundo, los que usurparon el poder de Dios, reinarán con El eternamente.
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