ARGENTINA: IGLESIA Y DICTADURA MILITAR
ARGENTINA:
IGLESIA Y DICTADURA MILITAR
Se ha hecho un estudio en tre volumenes titulados "La verdad los hará libres" sobre la actitud de los obispos argentinos entre 1976 y 1983 para con la dictadura militar. El estudio ha sido encargado por la Conferencia Epicospal (CEA) y han colaborado más de veinte estudiosos a lo largo de cinco años. Lo que más se destaca es que la CEA "ha sido poco profetica". La obra ha sido redactada por Carlos Galli, Luis Liberti, Juan Duran y Federico Tavelli y editada por Planeta. El tema ha sido analizado por primera vez en su integralidad gracias al esudio de las principales fuentes, en particular los arrchivos de la CEA y de la Secretaría de Estado del Vaticano, bajo la guia del teologo argentino Carlos Galli consultando material en gran parte inedito. "Se ha buscado la verdad histórica evitando lecturas parciales o ideologicas", dijo Galli en una entrevista. Y siguió diciendo: "En un primer momento los obispos esperaban que los militares pusieran orden en el caos que había. En mayo de 1976 se dieron cuenta de las desapariciones forzadas, pero pensaron de que se trataba de casos aislados. Abrieron canales de comunicación con los militares para interceder por miles de presos y desaparecidos; lo lograron con 3.115 personas. Al final de 1976 y comienzos de 1977 resultó claro que la de los desaparecidos era una politica sistematica. Entre el dilema de denunciarlo publicamente o interdecer en privado, la Conferencia optó por la segunda solución, aunque los singulos obispos podían pronunciarse abiertamente. La estrategia de la CEA fue equivocada, aunque haya salvado muchas vidas. No ha habido palabras y gestos profeticos de condena, como las circunstancias lo exigían. Además los contactos reservados no dieron el resultado que la CEA preveía, debido a la dureza de la dictadura. En realidad los obispos temían que si caía el gobierno de Videla (que se consideraba católico), vendría una junta militar más radicalizada y esperaban obtener más resultados haciendo presión en forma privada. No fue así. Y la acción de la CEA resultó debil, ambigua y poco profetica, pero no complice. El nuncio Pio Laghi salvó numerosas personas e informó con objetividad al Vaticano; y por eso Pablo VI y Juan Pablo II denunciaron con fuerza la tragedia argentina y pidieron mayor firmeza a los obispos argentinos. En el caso de los jesuitas Francisco Jalics y Orlando Yorio, el padre Jorge Bergoglio, provincial de los jesuitas, no tuvo nada que ver con su secuestro (aunque no estuviera de acuerdo que hubieran optado de vivir en una zona peligrosa) y se prodigó para liberarlos y defenderlos por no meterse en politica y ser simplemente pastores".
Fuente: Avvenire
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