EL OBISPO DE LOS “UMBRALES”

Murió en París a los 87 años el famoso obispo emérito de Evreux (Francia) Jacques Gaillot. Fue un obispo francés que ya desde joven como soldado en la guerra de Argelia se comprometió con la no-violencia, descubrió el mundo musulmán y el mundo de los no creyentes. Sacerdote en 1861, obispo de Evreux en 1982, aplicó con coraje las enseñanzas del Concilio Vaticano II y llevó a cabo uno de los primeros sínodos diocesanos que duró tres años. Abrazó todas las causas en favor de la justicia y de los explotados. En 1985 firmó un documento junto a los líderes del partido comunista y socialista en favor de la sublevación palestina en los territorios ocupados ilegalmente por Israel. Clamó públicamente por el fin del apartheid en Sudáfrica, por la interrupción de las pruebas nucleares en la Polinesia francesa, contra la política de la disuasión nuclear. En 1990 publicó un libro de gran difusión: “Una Iglesia que no sirve, no sirve para nada”. En 1991 proclamó su oposición a la guerra del golfo, condenando el bloqueo contra Irak y publicó el libro: “Carta abierta a los que predican la guerra y mandan a otros para hacerla”. A nivel de Iglesia propuso la recuperación de los curas casados, la ordenación sacerdotal de varones casados, más apertura con los católicos divorciados vueltos a casar, el celibato opcional para los curas, el acceso de las mujeres a las órdenes sagradas. Las de Gaillot eran opciones que no afectaban a ningún dogma; predicaba un evangelio liberador, priorizando la preocupación por los pobres, la justicia y la paz. Debido a estas posturas, en 1995  Gaillot fue destituido por el Papa Juan Pablo II como obispo de Evreux  en el medio de una amplia ola de protestas. Se le atribuye al Papa Juan Pablo II la frase: “es un obispo que canta fuera del coro”. Lo seguro es que después de haber criticado públicamente las leyes de inmigración del gobierno francés, Gaillot fue convocado a Roma y se le dijo que el día siguiente cesaría de ser obispo de Evreux. Le pidieron que se dimitiera, pero él no quiso renunciar y entonces fue destituido. Claramente fue una acción conjunta del Vaticano y del gobierno francés. Había estado 13 años al frente de la diócesis de Evreux en Normandía. También lo criticaban los demás obispos franceses por hacer denuncias de orden político y a nivel internacional. Él respondía: “Jesús pertenece a la humanidad, no solo a la Iglesia. Estoy convencido de que por la búsqueda de ovejas fuera del redil, bien merece que se dejen a las otras adentro, para salir a buscar a las primeras. La Iglesia excluye a demasiada gente”. Gaillot siguió siendo obispo sin diócesis. Se le asignó el titulo honorifico de obispo de Partenia, una diócesis inexistente desde el siglo V en Argelia. Se transformó así en obispo del desierto (“soy el obispo de la arena y el gran viento”) con una diócesis sin fronteras. Gaillot tomó en serio el cuidado de esta diócesis fantasma y empezó a escribir cartas públicas a los “cristianos de Partenia”. Esas cartas tuvieron un éxito extraordinario con traducciones en siete idiomas, hasta en árabe. La pagina web “Partenia”, con la ayuda de voluntarios, llegó a tener 800 mil visitas mensuales y duró 14 años. Mientras tanto Gaillot residía en una casa-alojamiento en París conviviendo con inmigrantes sin papeles, refugiados y desalojados. El nuevo programa pastoral para la diócesis virtual era “acercarse a los que en la Iglesia o fuera de ella se sienten inexistentes y olvidados, a los que no han entrado en la Iglesia pero están en sus umbrales y a los que han entrado en la Iglesia pero se han quedado en los umbrales”. Con sus intervenciones públicas desde París defendía a objetores de consciencia, extranjeros sin papeles, presos políticos, negros, homosexuales, musulmanes.. Abarcaba con su presencia y amistad a todos los colectivos que hacían parte de las periferias existenciales. Fue el obispo de lo “sin”: de los sin casa, sin documentos, sin tierra, sin techo, sin trabajo, sin familia.. Por eso fue llamado “obispo rojo”, obispo revolucionario igual que su colega latinoamericano Helder Cámara. Sin jamás renegar de la doctrina de la Iglesia, citaba a menudo Lc 4, 16-21 y afirmaba que “lo esencial de la fe cristiana es practicar el amor a Dios y al prójimo”. Llama la atención como hasta la muerte se consideró obispo en funciones sin amarguras ni quejas para con sus opositores que lo acusaban de ser más activista que obispo. Tan solo sufría por la falta de espíritu democrático en la Iglesia y la incomprensión de sus colegas. Decía: “yo no estoy casado con los obispos sino con el evangelio y con el pueblo”. Supo transformar un castigo injusto en una oportunidad de evangelización mucho más amplia. Decía:”Agradezco a Dios y al Vaticano porque he podido vincularme con tanta gente alejada” y añadía con picardía aludiendo a sus seguidores de los dos hemisferios: “la mía es una diócesis donde nunca se pone el sol”. Luchaba por una Iglesia más cercana a la gente; una Iglesia humilde que se hiciera comprender por todos. El primero de septiembre del 2015, a los 84 años, fue recibido en audiencia privada por el Papa Francisco, la que fue considerada como una rehabilitación del obispo francés. Francisco no le brindó un apoyo público, pero era evidente la sintonía. Por su parte Gaillot alabó la libertad y la sencillez del Papa, encomendándole no defraudar las esperanzas de tanta gente que vive al margen de la sociedad y de la Iglesia. En los funerales de Gaillot participaron más de diez mil personas.                         

Primo Corbelli

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