A LOS 40 AÑOS DE VICENTE ZAZPE

A los 40 años

De Vicente ZAZPE

 

Por Ricardo Mauti

 

"Seguramente luchaba dentro del cuerpo por una actitud más acorde con el Evangelio. Pero le faltó la energía y la decisión necesarias para romper con la trama de mediocridad, cobardía y complicidad que prevalecía a su alrededor"

El juicio de Mignone no es desacertado. Zazpe tuvo una posicióndesde el inicio de la última dictadura militar en marzo de 1976. Sus charlas dominicales ("Habla el Arzobispo") muestran como comprende el problema de fondo, la desintegración social, la necesidad de recomponer la conciencia moral de los argentinos, el cultivo de los valores, el lugar de la reconciliación, la crisis de la confiabilidad de las instituciones, son temas desarrollados con profundidad entre 1975 y 1983 (Zazpe, Habla el Arzobispo t.1 [1975-1979]; t.2 [1980-1983], Arquidiócesis de Santa Fe de la Vera Cruz, 2007).

Afirmará que existía una "Argentina secreta" que sufría sin poder tener expresión oficial, que no era complaciente ni con unos ni con otros, pero silenciosamente iba gestando los auténticos  cambios que derivarían en la democracia. Sin embargo, el talante profético de denuncia explícita es irreconocible en sus textos. Un ejemplo sirve de muestra: cuando la cuestión de los desaparecidos era ya de conocimiento por parte de la cúpula espiscopal, en una de las charlas radiales, el 2 de abril de 1978, Zazpe habla de los valores y refiere el caso de Aldo Moro, su secuestro y asesinato, "si han podido secuestrar a un dirigente protegido como Aldo Moro, no habrá seguridad para ningún ciudadano italiano" (Zazpe, Habla el Arzobispo t.2 p. 123), en el texto "ni una palabra" de la realidad Argentina.

Luego de la visita de la Comisión interamericana de Derechos Humanos (CIDH), el 6 de septiembre de 1979 que duró 14 días con repercusiones nacionales y a nivel mundial, Zazpe (siempre informado de la prensa nacional e internacional) no menciona el tema, lo elude y habla durante semanas de: la evangelización y los medios informativos, Puebla y los pobres, Puebla y los jóvenes, Puebla y los dirigentes de nuestro continente, Puebla ante la perspectiva nacional e internacional, la Iglesia y el año internacional del niño (Zazpe, op. cit. pp. 198-212).

El tema de los centros clandestinos que existían en Santa Fe capital, era un secreto a voces pero nunca fueron denunciados. Zazpe visitaba las cárceles (Coronda y Las Flores), se encontraba con presos políticos, recibía cartas de los familiares, ayudó a la localización y liberación de muchos detenidos, pero su voz profética parecía querer imponerse límites, optaba por hablar "con" el Episcopado y "nunca" sin él. Monseñor Jorge Casaretto refiere con claridad la distinción que se descubría al interno de la Conferencia Episcopal Argentina: "Es sabido que obispos como Novak, De Nevares, Angelelli, Hesayne, Scozzina y Devoto, plantearon desde el inicio del golpe militar una posición de claro enfrentamiento denunciando los graves atentados contra los derechos humanos. Algunos de ellos, en sus denuncias, prescindían de la Conferencia Episcopal e incluso adhirieron a distintas organizaciones, algunas de carácter ecuménico. Esa actitud no estaba bien considerada por la mayoría de los obispos que pensaban que en esta materia se debía obrar siempre corporativamente. En esa línea está otro grupo de obispos entre los cuales ubico a Zazpe…" (Cf. C. Galli, J. Durán, L. Liberti, F. Tavelli [eds.], La verdad los hará libres. La Iglesia católica en la espiral de violencia en la Argentina 1966-1983, t.1, Buenos Aires, Planeta, p. 714).

Con todo, Zazpe no dejó de ser profeta. Cuando el terror y el hambre asolaban el país denunció la existencia de la "Argentina secreta", esa que expresaba a las mayorías silenciadas y oprimidas. Vivió en carne propia, el difícil oficio de escuchar a Dios y a los hombres, de denunciar y anunciar, esto le grangeó muchos amigos pero también mucho enemigos. Es probable que estos últimos no fuesen más que sus amigos, pero sin duda eran quienes hacían más ruido con las armas que les da el dinero y el poder. Tal es el caso de la ultraconservadora agrupación "Tradición, Familia y Propiedad" (TFP) que en 1969 lanzó una campaña en su contra que lo llevan a sacar una carta pastoral para dar a conocer la motivaciones teológicas y pastorales de Medellín y el Documento de San Miguel (Zazpe, Escritos t. 2 "Cartas y orientaciones pastorales", pp. 71-74; Cf. Luis Miguel Baronetto, "Monseñor Zazpe: voz profética",  Revista Tiempo Latinoamericano).   

La figura de Zazpe demoró demasido tiempo en ser redescubierta por las nuevas generaciones particularmente en su arquidiócesis de Santa Fe; se dieron pasos, aunque no han sido suficientes y tampoco de manera sinodal. La pregunta es por qué. Su figura no escapó a la "grieta" de la Iglesia santafesina. Varios parecen ser los motivos.

El cierre del seminario en 1968 en su edificio fundacional, cercano al Santuario de Guadalupe y su reapertura diez años después en otro lugar, cercano a la Iglesia catedral y arzobispado, con seminaristas formándose entretanto en otros seminarios del país, pusieron a Zazpe en una situación "incómoda". Los tiempos y las decisiones "pulseadas" más que "consensuadas", así parecían imponerlo. Pero el "nuevo seminario" que se inició como "menor" en 1978 y "mayor" en 1980, dejó afuera a toda una generación de curas que habían trabajado con aciertos y desaciertos en el anterior período. En esa brecha jugó un papel importante el obispo Storni, auxiliar de Zazpe, ordenado en 1977 (¿pedido por él?). Su visión era distinta: aquellos que habían "fundido" el seminario por "opciones ideológicas", no podían tener oportunidad en la nueva etapa. Muchos de aquellos sacerdotes, habían estudiado, y pudieron haber aportado, pero no fueron tenidos en cuenta.

El "Informe sobre el Seminario Metropolitano de Santa Fe" de enero de 1968 (AASF C. IV, 74), firmado por el entonces rector P. Elvio Alberga y demás formadores, que ofrece un diagnóstico de la crisis vocacional y explica las verdaderas causas del cierre del Seminario, fue un documento ocultado e ignorado.

El seminario "cambió" de nombre (no en el sentido bíblico), comenzó a llamarse "Nuestra Señora", y así se mantuvo hasta los últimos meses del episcopado de monseñor Arancedo (sucesor de Storni) que le devolvió con "disgusto de muchos" el nombre original, "Nuestra Señora de Guadalupe". Siendo Storni el obispo auxiliar siguió como rector del seminario, esto creó una situación extraña que llegará al paroxismo, cuando a la muerte de Zazpe, asuma como Arzobispo, y conserve el cargo de rector, situación que solo pudo cambiar un informe del cardenal William Baum, prefecto de la Congregación para la Eduación Católica, luego del paso de un visitador de la congregación para "informarse" de la marcha del seminario.

"Zazpe fue desde 1978 hasta su muerte, un extraño en su propia casa, su figura era importante pero 'decorativa', no tallaba en la formación de los futuros sacerdotes"

Zazpe fue desde 1978 hasta su muerte, un "extraño en su propia casa", su figura era importante pero "decorativa", no tallaba en la formación de los futuros sacerdotes. Los contactos con los seminaristas, se reducían a una charla formal cada jueves, servicios litúrgicos en Catedral, y el compartir cada verano con él, 15 días en la casa de vacaciones que el Seminario tiene en las sierras cordobesas. Estos datos podrían replicarse; durante los 18 años de Storni como arzobipo de Santa Fe, la única "memoria" de Zazpe se reducía a la misa de aniversario de su muerte (24 de enero, ¡plenas vacaciones en Argentina!).

Los tristes acontecimientos del 2002 (renuncia del obispo Storni desde Roma, por acusación de abusos), llevaron a algunos a ensayar un especie de "contraste" y "oposición" entre Zazpe y su sucesor, hubo publicación de biografías y algún artículo de "mala leche". Todo esto, no hizo más que embarrar la cancha y relegar la figura de Zazpe cada vez más al rango de un importante desconocido.

En 2006, casi 22 años después de su muerte, en la primera etapa del episcopado de monseñor Arancedo, se tomó la decisión de publicar sus "Escritos" (4 volúmenes de "Cartas y orientaciones pastorales" y sus celebres "Habla el Arzobispo"), una cantera de pensamiento actual, que entrelazan fe, Iglesia, política, sociedad y cultura.

La figura de Zazpe ocupa un lugar relevante en la Iglesia argentina desde finales de los años 60. En la monumental obra en tres tomos, La verdad los hará libres. La Iglesia católica en la espiral de violencia en la Argentina 1966-1983, a cargo de la Facultad de Teología (UCA), aparecida en 2023, se cita el nombre de Zazpe más de 200 veces. Los números pueden no siempre ser indicativos de cualidad, pero en el caso de Zazpe son reveladores del protagonismo y reconocimiento de su figura y acción pastoral.

A 40 años de su pascua, puede augurarse que otros tiempos y con otro espíritu de eclesialidad y compromiso social, se devuelva a Zazpe el lugar que justamente merece y que la sociedad actual necesita.

Fuente RD

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